La Cámara Nacional de Apelaciones en lo Civil le puso un freno al reclamo de un joven por una rinoplastia hecha en julio de 2017 en una clínica privada de la Ciudad de Buenos Aires. Para el tribunal, no quedó probado que hubiera mala praxis ni un vínculo directo entre la operación y los problemas respiratorios denunciados.
El caso arrancó cuando el paciente, que tenía 23 años, se operó para cambiar la forma de su nariz y corregir una desviación del tabique. Después de pasar por el quirófano, sostuvo que le quedaron alteraciones estéticas y que respiraba peor, además de cuestionar la información que recibió antes de entrar.
La defensa del médico y de la clínica dijo otra cosa: que la práctica se hizo como correspondía, que hubo controles posteriores y que el paciente cortó el seguimiento previsto para diciembre de ese año. En criollo, la discusión quedó armada entre lo que el joven decía haber sufrido y lo que la documentación médica mostraba.
La clave estuvo en la pericia oficial, que la Sala E miró con lupa. La especialista concluyó que la técnica aplicada era adecuada para el diagnóstico previo y que el resultado estético guardaba proporción con la cara.
Sobre la obstrucción en la fosa nasal izquierda, el tribunal marcó que no se pudo establecer si ya existía antes de la cirugía o si apareció después. Además, recordó que ese tipo de complicación puede pasar en intervenciones de este tipo. Con consentimiento informado firmado y estudios prequirúrgicos hechos, la Cámara cerró la puerta al reclamo. ¿Y el juicio? Cada uno se hace cargo de lo suyo, como para no seguir estirando la soga.

