La historia de Carlos Heredia, el bombero sanjuanino que salvó vidas y murió en otro operativo fatal
Dieciséis años después de sobrevivir a un vuelco brutal en Córdoba, el exbombero volvió a quedar atrapado por el destino. Esta vez, Carlos Heredia perdió la vida en la caída de un helicóptero en Ischigualasto, mientras participaba de una capacitación.
Carlos Dante Heredia, de 55 años, fue una de las víctimas fatales de la caída del helicóptero Bell 412 en el Parque Provincial Ischigualasto, en Valle Fértil. El sanjuanino tenía una larga trayectoria en la Policía de San Juan, donde trabajó durante 30 años y llegó a desempeñarse como director de Protección Civil. Su nombre quedó ligado a una historia de coraje que arrancó mucho antes, en otra tragedia que marcó al país.
Heredia había sido uno de los 59 pasajeros que viajaban en un colectivo de la empresa Blanca Paloma rumbo a Necochea, cuando en la madrugada del 3 de febrero de 2010 la unidad volcó a la altura de Laboulaye, sobre la Ruta Nacional 7. Aquella lluvia torrencial, el zigzagueo del micro y el vuelco dejaron un saldo durísimo: 7 sanjuaninos muertos y una escena de desesperación total, con gritos, heridos y pedidos de auxilio en plena oscuridad.
En medio de ese caos, Heredia viajaba con su hija Carla, que tenía apenas 6 años. La nena había quedado atrapada entre el equipaje y él hizo lo imposible para sacarla con vida. Con las manos lastimadas, a los golpes y codazos, logró romper una ventanilla, salir del colectivo y después rescatar primero a su hija y más tarde a otros sobrevivientes que se acercaban. Ese gesto, en medio del desastre, mostró de cuerpo entero su vocación de servicio.
Por ese vuelco, padre e hija fueron trasladados al Hospital Samco de Santa Fe junto a otros 20 sobrevivientes. El resto de los heridos fue derivado al Hospital Ramón Cárcamo, en Laboulaye, y a una clínica de alta complejidad de Venado Tuerto, en Santa Fe. Heredia sufrió cortes profundos en las manos y algunos golpes, pero salió adelante. Ayer, en cambio, el destino lo golpeó de nuevo: participaba de una capacitación sobre incendios forestales junto a Matías Valenzuela, Germán Videla, Rubén Castro, Jorge Carbajal, Andrés Bosch y Rodrigo Aimetta, cuando la aeronave se precipitó en una zona de difícil acceso. Murió haciendo lo que siempre eligió: estar al servicio de los demás.