Las seis figuras de la Catedral de San Juan recuperaron su esplendor después de una restauración bien fina
Las esculturas de hierro fundido Val D’Osne fueron intervenidas tras años de desgaste y ahora volvieron a la fachada del templo. El trabajo permitió rescatar piezas históricas que forman parte del corazón de la ciudad.
La Catedral de San Juan volvió a mostrar una postal que emociona a cualquiera que pase por el centro. Después de un proceso de conservación y restauración bien minucioso, las seis esculturas de hierro fundido Val D’Osne recuperaron su presencia original y regresaron a la fachada del templo. Son piezas que cargan más de un siglo de historia y que otra vez quedaron donde siempre debieron estar.
La intervención fue impulsada por el Arzobispado de San Juan de Cuyo y la Parroquia San Juan Bautista, con la asesoría de Daniel Izasa y Virginia Agote, de la Fundación EOS. También se hizo posible a través de la Ley de Mecenazgo Provincial, con el aporte del Banco San Juan y su fundación. Las esculturas restauradas son San Marcos, San Lucas, San Juan Evangelista, San Mateo, San Juan Bautista y San Pedro.
Estas imágenes fueron compradas en Francia en 1870 a la reconocida Fundición Val D’Osne y pensadas para embellecer la antigua iglesia matriz. Con el paso del tiempo, y sobre todo después del terremoto de 1944, dejaron de ocupar su lugar en la fachada. Algunas quedaron en Casa de Betania y luego en el patio lateral de la Catedral, mientras que San Pedro fue trasladado al Seminario Arquidiocesano. Ahora, con el proyecto integral de puesta en valor iniciado en 2025, el conjunto volvió a las salientes del frente, tal como lo había proyectado el arquitecto Daniel Ramos Correa.
La restauración estuvo a cargo de la especialista en conservación Cristina Sonego y su equipo, que trabajaron con criterios técnicos muy precisos para respetar el patrimonio. Antes de intervenir, hicieron un estudio estratigráfico in situ y detectaron dos capas históricas de pintura sintética sobre las esculturas. A partir de ese diagnóstico, aplicaron limpiezas en seco y químicas, retiraron contaminantes, masillas blancas y parches débiles que afectaban tanto la lectura estética como la conservación del metal.
Después de tratar las superficies oxidadas, se aplicó una cera protectora profesional para bancar mejor el clima sanjuanino. Una de las tareas más delicadas fue la de San Juan Bautista, patrono de la provincia, cuya mano presentaba una oxidación severa y había perdido por completo su núcleo interno. El equipo logró reconstruir la forma original y consolidarla con un nuevo sistema de anclaje químico y soldaduras de precisión. En el caso de San Pedro, el desafío fue distinto: arrastraba daños de intervenciones previas y una reoxidación fuerte, por lo que se hizo una limpieza química selectiva para sacar materiales agregados y devolverle una lectura correcta a la obra. Con todo eso, las esculturas no solo recuperaron su imagen, sino también la estabilidad necesaria para seguir en la fachada como parte viva del patrimonio cultural de San Juan.