Empresas manejadas por IA: el proyecto de Sturzenegger divide aguas entre expertos y tecnólogos
La reforma a la ley de sociedades ya llegó al Senado y abrió una discusión fuerte. Mientras algunos ven una oportunidad histórica, otros piden controles claros para evitar zonas grises.
La iniciativa se presentó primero en la Argentina, pero antes de eso ya había hecho ruido afuera por una publicación conjunta de Javier Milei y Federico Sturzenegger en el Financial Times. Allí trazaron la idea que empuja la reforma a la ley de sociedades: más flexibilidad para reorganizar empresas, trámites digitales y hasta la posibilidad de que los directorios no estén integrados por personas, sino por agentes de Inteligencia Artificial. El planteo no pasó desapercibido y dejó a más de uno con la ceja levantada.
El punto más polémico es, sin dudas, ese corrimiento de los seres humanos del centro de la toma de decisiones. Sturzenegger defendió la propuesta en el Senado de la Nación y abrió una discusión que llegó hasta el especialista israelí Yuval Harari, quien respondió en el mismo diario británico. "No será fácil disuadirlas de no participar en actividades directamente ilegales, porque la sanción máxima -la cárcel- es irrelevante para las IA", escribió. El ministro argentino retrucó con otra frase que encendió todavía más el cruce: "No hay ningún motivo para pensar que la inteligencia artificial va a ser más insegura que un humano".
En el mundo tech local, la propuesta fue recibida con opiniones cruzadas. Alan Daitch, cofundador de Digodat y divulgador de IA, sostuvo que se trata de "un falso debate" y remarcó que, en el fondo, la presencia humana seguiría existiendo. Según explicó, si el algoritmo se equivoca, alguien va a tener que responder igual. También deslizó que el verdadero cambio podría aparecer más adelante, cuando una ley posterior defina beneficios impositivos o incentivos para promover este tipo de estructuras automatizadas.
La reforma a la ley 19.550 de Sociedades Comerciales tiene 277 artículos y ya tuvo su primer paso en comisión en el Senado. Entre los especialistas consultados hay un reclamo que se repite: hace falta un debate más profundo, sin zonas oscuras ni frases lindas que después no se traduzcan en reglas claras. Irina Sternik, autora de Inteligencia Artificial, el futuro llegó hace rato, advirtió que faltan participación de organizaciones civiles y explicaciones más simples para la gente común, que tiene derecho a entender qué se está proponiendo y a quién podría beneficiar.
En la misma línea, Hugo Delboy pidió que la redacción final incluya parámetros técnicos precisos, auditorías algorítmicas, protocolos de prueba y límites concretos de autonomía. También reclamó supervisión activa, seguros de responsabilidad civil y mecanismos de desconexión para intervenir cuando haga falta. Del otro lado, Santiago Siri, presidente de Democracy Earth Foundation y autor de Tecnosapiens, vio una apuesta audaz y sin antecedentes, con potencial para meter a la Argentina en la conversación global sobre IA. Para él, los agentes cada vez tienen más autonomía y el país no debería quedarse mirando desde la tribuna.
También opinó Lucas Arias, ingeniero informático y miembro del Grupo de Inteligencia Artificial y Robótica de la UTN, quien consideró que el proyecto va en la dirección correcta, aunque todavía no está resuelta la pregunta clave: quién responde cuando un sistema autónomo causa un daño. A su entender, el marco legal debe ser sólido para atraer inversión, pero también para dejar en claro quién queda a cargo frente al Estado y frente a terceros. En términos económicos, señaló que el impacto inicial podría sentirse más en la recaudación fiscal que en el empleo calificado o la transferencia tecnológica.
La propuesta oficial también incluye una digitalización completa del sistema societario, con domicilio electrónico, registros digitales, asambleas virtuales, constitución de sociedades con firma digital y legajos totalmente electrónicos. Además, crea un marco para Sociedades Automatizadas, suma las DAO vinculadas al mundo cripto y blockchain, y simplifica reorganizaciones empresariales. Entre los cambios más fuertes también aparece el regreso de las SAS y el desconocimiento de las Sociedades en Comandita Simple, una movida que promete seguir generando ruido en el Congreso y en el ambiente empresario.