Crimen en una escuela y una advertencia que sacude a todos: qué mirar en los chicos
El caso de Santa Fe volvió a encender la alarma sobre la salud mental adolescente. Una psicóloga pidió más presencia adulta, escucha y trabajo conjunto entre casa y escuela.
El brutal hecho ocurrido en San Cristóbal, donde un adolescente asesinó a un alumno de 13 años dentro de una escuela, dejó al país en estado de shock y volvió a poner sobre la mesa un tema que duele: la violencia entre chicos y la salud emocional de los adolescentes. En ese marco, la psicóloga Silvana Belloti pidió salir de la conmoción y mirar de frente lo que pasa puertas adentro de muchas familias y aulas. "Estamos impactados, preocupados y también ocupados. No alcanza con la conmoción: tenemos que preguntarnos qué está pasando con nuestros chicos", señaló.
Para la especialista, estos episodios no aparecen de un día para el otro ni salen de la nada. Detrás suele haber sufrimiento, señales que se van acumulando y un dolor psíquico que, si nadie lo toma a tiempo, puede explotar de la peor manera. "Cuando un adolescente no es mirado, no es acompañado, puede atravesar un dolor psíquico muy fuerte que después se expresa de manera impulsiva y dañina", explicó. En ese sentido, remarcó que los adultos tienen que estar atentos a los cambios de conducta, aunque parezcan mínimos.
Belloti insistió en que los hijos hablan también con silencios, actitudes y gestos cotidianos. Por eso, pidió observar más y delegar menos. "Los hijos hablan, aunque no sea con palabras. Hay que observar, estar atentos a lo que les pasa, conectados con ellos", remarcó, y sumó una frase que dejó picando: "No miremos tanto afuera, miremos adentro". Según explicó, no siempre hay señales escandalosas; muchas veces el problema se cocina en lo familiar, en lo emocional y en lo que nadie termina de registrar.
La psicóloga también advirtió que en la adolescencia la comunicación no siempre arranca con una charla profunda. A veces, dijo, hay que entrar por lo simple, por lo de todos los días, para que el pibe o la piba se anime a abrirse. "No hay que esperar grandes conversaciones. A veces hay que entrar por lo cotidiano, por lo superficial, para que después ellos puedan abrirse", indicó. Y fue clara al marcar que acompañar no es vigilar: es estar, poner límites y sostener confianza sin ahogar.
Además, recordó que el cerebro adolescente atraviesa una etapa sensible, más guiada por la emoción y el impulso, lo que complica medir consecuencias en el momento. También pidió que la escuela no mire para otro lado cuando pasa una tragedia de este tipo. "La escuela no puede actuar como si nada hubiera pasado. Tiene que abrir lugares donde los chicos puedan hablar, o expresarse desde otras formas como el arte", afirmó. Y cerró con una advertencia fuerte: no exponerlos de más a imágenes o noticias violentas, porque eso puede reabrir heridas en lugar de ayudar.
En la familia, sostuvo, es clave validar lo que sienten los adolescentes y darles un espacio seguro para hablar sin miedo al reto. "Hay que decirles ‘está bien que te sientas así, estoy para vos’. Muchas veces los chicos no cuentan lo que les pasa por miedo a ser retados", explicó. Para Belloti, la salida no está en reaccionar solo cuando estalla una tragedia, sino en sostener en el tiempo una verdadera educación emocional. La discusión, otra vez, quedó abierta y con una conclusión que retumba fuerte: sin escucha, sin presencia y sin trabajo conjunto, el problema sigue creciendo.