Israel desata una ofensiva furiosa contra Irán y Hezbollah: un combo explosivo que no da tregua
En tan solo cuatro días, el Ejército israelí lanzó una catarata de ataques aéreos que dejaron a las fuerzas iraníes y a Hezbollah en jaque. Más de 1.600 incursiones y 4.000 proyectiles abren un capítulo caliente en la región.
La situación en Medio Oriente se puso al rojo vivo cuando el Ejército de Israel arrancó una embestida feroz contra objetivos estratégicos ligados a Irán y Hezbollah. Apenas pasada la medianoche de este miércoles, un vocero de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) confirmó que se inició una "amplia ola de ataques" contra bases de lanzamiento y sistemas defensivos iraníes.
El conflicto escaló tras detectar un lanzamiento de misiles desde Irán, lo que activó la guardia y el despliegue inmediato de sistemas para neutralizar la amenaza. La ofensiva alcanzó desde un suburbio en Beirut, enclave fuerte de Hezbollah, hasta un hotel próximo a la capital libanesa, dejando a varios puntos tácticos quemados.
En detalles oficiales, el Ejército israelí informó que dio en la mira centros de mando del Basij y de seguridad interna en Teherán, apuntados como parte del "régimen terrorista iraní". A su vez, el Comando del Frente Interior israelí mandó alertas por teléfono para que la gente se refugie bajo techo y acate las indicaciones hasta nuevo aviso, el ambiente está más caliente que un horno.
El embajador israelí en Estados Unidos, Yechiel Leiter, tiró la posta diciendo que los ataques, en conjunto con Washington y la operación "Furia Épica", frenaron el programa de misiles nucleares iraní, dejando sitios de mando y lanzadores hechos leña. "El desmantelamiento de cuatro centros clave generó un caos bárbaro entre las filas ayatollah", contó en un video difundido en X.
Leiter no se anduvo con vueltas al explicar que con esta movida, Irán perdió la capacidad de conectar los mensajes de mando con sus tropas de campo, lo que derivó en un bingo de misiles balísticos disparados a diestra y siniestra contra sus vecinos. Lo que se destruyó era el punto donde querían reunir uranio enriquecido con sistemas de lanzamiento, algo vital para avanzar hacia la bomba atómica.
Si no hubiera sido por esta ofensiva, según el diplomático, Irán estaría ya a tiro de dejarnos a todos con la boca abierta, produciendo armas nucleares. Recordó que por informes internos, el régimen tiene cerca de 642 kilos de uranio al 60%, y que subir al 90% les lleva una semana, lo que habilitaría hasta 11 bombas. "Eso es algo que no podíamos dejar pasar", remarcó.