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Viticultura

¡La uva de mesa se mueve fuerte! Perú pisa fuerte y Chile se reacomoda en el gran juego global

Mientras Perú se dispara en la producción y exportación de uvas de mesa, Chile ajusta su juego con una baja leve y nuevas variedades. Argentina, y más específicamente San Juan, quedó muy atrás en esta pulseada internacional que tiene a China y Estados Unidos como grandes jugadores.

¡La uva de mesa se mueve fuerte! Perú pisa fuerte y Chile se reacomoda en el gran juego global

El 2025 cierra con las uvas de mesa dando vuelta todo el tablero en el hemisferio sur. Perú viene con todo y aumenta su cosecha, mientras Chile baja un poco y apuesta a variedades nuevas. Este duelo no es cualquier cosa, porque detrás están China y Estados Unidos, los dos mercados que más meten presión y cambian las reglas del juego.

Perú proyecta una cosecha cercana a 86,1 millones de cajas de 8,2 kg, subiendo un 4% respecto al año pasado, gracias a que plantaron más y rindieron mejor en zonas clave. Mientras tanto, Chile bajó su proyección a 63,6 millones de cajas, casi un 6% menos, porque dejo de lado algunas variedades tradicionales y se está reacomodando con otras más modernas y licenciadas.

Los envíos peruanos crecieron fuerte durante el año y podrían cerrar 2025 con récords históricos, consolidándolos como el rival más cercano de Chile en cantidad y capacidad de abastecer a distintos destinos.

Por su parte, Argentina, y en especial San Juan, quedaron casi afuera de este mapa de grandes productores. Tiempo atrás, la provincia estaba entre los referentes, pero la renta llevó a que el negocio se achique. Lo llamativo es que cuando San Juan producía millones de cajas, Perú recién empezaba con sus primeras viñas para uva de mesa y hoy es el líder indiscutido en ese rubro.

China sigue ganando terreno y amplía sus compras de uva de mesa, con importaciones que se duplicaron en dos décadas, y no para de exigir más calidad y variedad. Aunque producen mucho por su cuenta, la demanda les pide más, entonces compran de varios lados: Australia, Perú, Chile, Sudáfrica, India, Corea del Sur y Estados Unidos.

En cambio, Estados Unidos sigue con Chile como su proveedor principal, pero Perú le está pisando los talones gracias a su variedad y volumen. La cosecha local arrancó temprano en California y sumaron a nuevo jugador: República Dominicana, aunque el stock de la fruta se redujo rápido luego del Día de Acción de Gracias.

Un tema caliente del año fue la suspensión de la importación de uva chilena a EE.UU. bajo el llamado "Systems Approach", que generó ruido porque aumenta costos y complica planes. La industria chilena tendrá que esperar a 2026 para saber si puede volver a usar ese protocolo, tras mucho diálogo durante 20 años entre ambos países.

Además, los aranceles extras que impuso Trump golpearon a países como Chile, Perú y Brasil, que buscan ahora abrir mercados como China, que este año puso reglas fitosanitarias para uvas de Brasil. Sudáfrica también la tuvo complicada por un cuello de botella portuario que demoró envíos claves justo en el cierre del año, lo que le sacó espacio frente a Perú y Chile.

No faltó la polémica: una firma top australiana, Grape House Pty Ltd, recibió una multa millonaria por tratar de evadir controles para exportar a Nueva Zelanda, una prueba más de la presión que tiene la industria.

Pero ojo, no todo es pelea: México, Chile y Perú armaron un grupo llamado Global Grape Group para impulsar juntos el consumo mundial, especialmente en Estados Unidos, sumando a toda la cadena de producción y venta para optimizar esfuerzos.

La innovación está presente: buscan mejorar calibre, duración y variedad, con novedades como la BRS 54 Lumiar. También le meten pata a la tecnología postcosecha para cuidar mejor la fruta y defender la propiedad intelectual de variedades patentadas, ganando batallas en China e Italia para proteger sus creaciones.

En resumen, el mercado de uva de mesa está en plena transformación: Perú crece con volumen y alcance, Chile se especializa y afina su calidad, Sudáfrica lucha contra cuellos de botella y los grandes compradores redibujan qué y cómo quieren consumir. La clave ya no es solo cuánto se produce, sino la capacidad de entregar uva de calidad constante y jugar bien entre riesgo, logística y demanda.

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