El panorama económico para 2026: crecimiento tímido, sectores en pelea y la inversión como ficha clave
Con expectativas de un crecimiento modesto de entre 2% y 3% para el próximo año, la economía argentina muestra señales mezcladas: algunos rubros la mueven, pero la mayor parte sufre, y el consumo no despega como se esperaba.
Los números oficiales despejaron una duda: este año no hubo recesión técnica, pero la economía marchó parada prácticamente seis meses. Para 2026, los especialistas pronostican un avance de entre 2% y 3%, aunque advierten que el crecimiento será desparejo y que la economía dependerá más de la inversión y las exportaciones que del conocido motor del consumo.
Según datos del INDEC, el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) bajó un 0,4% en octubre respecto al mes anterior, después de un pequeño repunte en el tercer trimestre impulsado principalmente por la Intermediación Financiera. Pero ojo, esta suba no vino de depósitos ni créditos, sino de movimientos en la Bolsa, con carteras dolarizadas que agitaron las aguas antes de las elecciones.
El Grupo SBS destacó que en el último trimestre móvil la economía mejoró un 0,8%, con servicios como la intermediación financiera y el transporte golpeando la puerta, y sectores de petróleo y minería dando pelea. También los hoteles y restaurantes aportaron, aunque con sorpresa: el aumento se debe más al crecimiento del empleo informal, según Daniel Schteingart, que al trabajo registrado. "Es raro que empresas y empleo formal bajen mientras el empleo informal sube; me pregunto cuánto de eso se explica con plataformas tipo Rappi o Pedidos Ya", comentó.
En cambio, la industria manufacturera se lleva la peor parte, con caídas en la mayoría de sus divisiones por la apertura comercial, especialmente en textiles, autos y maquinaria. Esto genera preocupación porque son sectores con mucho peso en el PBI y en mano de obra.
El Gobierno tendrá que mirar con lupa esta disparidad sectorial: el crecimiento que se viene es más laburo-intensivo y, según el banco BBVA, la reforma laboral podría darle una mano para acomodar la oferta y la demanda de mano de obra. Sin embargo, el desafío es grande para crear empleo privado en sectores que dependen mucho del trabajo y que están expuestos a la importación.
Como contracara, la agroindustria y la energía se perfilan como motores sólidos. También la construcción podría repuntar si las tasas se estabilizan y vuelve el crédito para viviendas. En este marco, el BBVA estima un crecimiento alrededor del 2%.
Por su parte, la consultora Equilibra anticipa un nuevo bajón en noviembre, un 0,5%, y para 2026 contempla un escenario optimista con 3% y otro más moderado cercano al 2%. El economista Gonzalo Carrera no ve grandes cambios: "La intermediación financiera, energía y servicios profesionales seguirán tirando si el Gobierno asegura financiamiento y estabilidad cambiaria; pero la industria va a seguir sintiendo la apertura comercial."
La consultora LCG pronostica que la clave estará en el sector externo, con exportaciones sumando aunque de a poco, y las importaciones en alza por demanda interno y la estabilidad del dólar. Al consumo no lo ven para grandes saltos; la post-electoral calma y la baja en las tasas pueden darle algo de aire, pero sin repetir el espectáculo del 2024.
En materia de inversiones, las dudas persisten. El "esperar y ver" sigue vigente por la incertidumbre sobre la estrategia cambiaria, a pesar de los ajustes recientes en las bandas. Los factores macroeconómicos fundamentales, como evitar la volatilidad en tasas y en el tipo de cambio, acumular reservas y fortalecer la moneda, aparecen como claves.
Para cerrar, los especialistas de SBS remarcan que las reformas estructurales serán vitales para darle certezas al sector privado local y extranjero, impulsando la inversión a largo plazo y creando trabajo de calidad que permita levantar los salarios y el consumo real. BBVA acompaña este pensamiento y proyecta un salto del 9,2% en la inversión para el año que viene, un dato que lo convierte en el gran motor del crecimiento.