Del "Sueño Americano" al "quilombo" político: Una periodista vuelve a casa y encuentra un país irreconocible
Beth Macy regresa a su pueblo natal en Ohio para entender cómo la crisis económica y el odio político transformaron a sus vecinos y a su propia familia. Un retrato crudo del Estados Unidos rural.
La periodista Beth Macy, conocida por sus libros que destapan la cruda realidad del "sueño americano" hecho pedazos, se metió de lleno en las heridas de su propio país. Ya había contado cómo la crisis económica y la epidemia de opiáceos habían dejado a la gente sin nada en zonas rurales. Ahora, el desafío era otro: la división política que hoy parte al medio a Estados Unidos.Para entenderlo, Macy volvió a Urbana, Ohio, el pueblo donde creció. Lo que encontró la dejó helada. Donde antes había orgullo sindical, ahora veía banderas confederadas y un odio creciente hacia "los medios", incluso entre sus amigos de toda la vida. Su libro "Paper Girl" no es solo un informe, es un viaje personal donde la memoria se mezcla con un periodismo bien picante.El declive industrial dejó su marca. Urbana, que medio siglo atrás gozaba de una clase media sólida, hoy es un ejemplo de cómo la bronca y la desilusión se vuelven terreno fértil para el discurso de odio. Macy, que se define como liberal, no se guardó nada al criticar a figuras como JD Vance, a quien tilda de "charlatán" por sus campañas llenas de mentiras. En su pueblo, la fórmula Trump-Vance se llevó casi el 75% de los votos, una cifra que asusta.Lo más duro para Macy fue ver cómo el odio había calado hondo en su círculo íntimo. Su exnovio, que antes era periodista y fan de Bernie Sanders, ahora maneja un grupo antiinmigrante en Facebook y consume propaganda rusa. Amigos que crecieron con ella se sumaron a teorías conspirativas como QAnon, y hasta una excompañera llevó a sus hijos al asalto al Capitolio. La propia hermana de Macy, una fundamentalista cristiana, llamó "abominación" al matrimonio de su hijo con otro hombre.Macy conoce la pobreza de primera mano. Su madre, una "luchona" que soldaba luces para aviones, compensó un hogar difícil trabajando sin descanso. Pero en su época, el benefactor del pueblo, Warren Grimes, aunque ayudaba, también maniobraba para que no llegaran competidores y así mantener bajos los salarios. Hoy, Macy reflexiona que los magnates de la tecnología usan sus plataformas para sembrar la indignación, destruir los diarios locales (como el que ella repartía de chica) y dividir a la gente, impidiendo que se unan para pelear por sus derechos.La realidad de los jóvenes de hoy es mucho más dura. Macy nos presenta a Silas James, un chico trans que recién termina la secundaria y lucha por conseguir un certificado de soldador. Su papá murió por sobredosis, su mamá entra y sale de la cárcel. Silas quiere criar a sus hermanos menores, pero entre el trabajo en McDonald"s y la vida diaria, el futuro se vuelve una utopía. Su auto se rompe a la semana de empezar la facultad. Para gente como él, "dos semanas son una eternidad" cuando la plata no alcanza.Macy recuerda que ella, nacida en 1964, pudo salir de la pobreza gracias a becas que cubrían todo. Hoy, esas mismas becas apenas alcanzan para un 30% de la matrícula. Silas y su generación viven en un país que, según Macy, es "menos compasivo y más duro". El éxito de ella fue cuestión de época, de una política que no veía la educación de los pibes pobres como una amenaza.Aunque encuentra gestos de bondad individual, el panorama general es sombrío. Colegas periodistas hablan de un "estado fascista progresivo" y alertan sobre el miedo que se siembra con la idea de que los inmigrantes "invaden" el país. Y Silas, a pesar de estar en la mira de políticas anti-trans, no votó en las últimas elecciones. Entre el trabajo y cuidar a sus hermanos, "no le quedaba tiempo para la política", una triste realidad que nos hace reflexionar sobre quiénes realmente están decidiendo el futuro del país.