Darío Husaín, la "Furia" de Vélez, y su nueva vida en Miami: del éxito a la depresión, con Bielsa siempre en el corazón
El ex delantero de Vélez, River y Racing cuenta cómo se reinventó en Estados Unidos después de sufrir el retiro y repasa su carrera, incluyendo el paso por ligas exóticas.
El ex goleador fue un verdadero trotamundos de la pelota. Tras brillar en el Fortín y salir campeón con River junto a su hermano Claudio, se animó a destinos insólitos. Dejó una etapa agridulce en Racing –"Di un paso en falso, a veces no salen las cosas como uno quiere"– para irse a Puerto Rico y luego a las Islas Maldivas. De esa experiencia, recuerda: "Algunas veces, hay propuestas interesantes solo por la plata. Pero después dije ‘¿en dónde me metí?’". Vivió en un hotel all inclusive, "como si estuviera de vacaciones", antes de volver a Sudamérica y cerrar su carrera en el ascenso argentino.
El retiro lo golpeó duro. Con solo 35 años, Husaín se encontró con un vacío que lo llevó a un año y medio de tristeza profunda. "Los primeros cuatro meses no tuve problemas, ya que me juntaba con amigos, familia, y comía asados, pero después me mató durante un año y medio. No salía de mi casa. Estuve depresivo y bajoneado", confesó. Fue Miami lo que le dio una nueva oportunidad, sacándolo de ese pozo y dándole un propósito en el fútbol.
Sobre su decisión de vivir en Estados Unidos, Darío aclara que no fue por el secuestro que sufrió en 2003, aunque fue "algo terrible". Él destaca la seguridad y la posibilidad de progreso económico que encontró en Miami. "Si venís y le metés ganas, le metés huevos, en Miami la verdad te podes hacer un futuro espectacular", asegura, aunque no pierde de vista la realidad argentina, que sigue de cerca a través de los noticieros de acá.
Al recordar su paso por la Selección, Darío lo define como "lo más grande y lindo que me pasó en la vida". Pero, sin dudas, Marcelo Bielsa dejó una marca imborrable en él. "Es el mejor de todos", sentencia. Husaín subraya la calidad humana del Loco y su capacidad para anticipar el juego, dando consejos que parecían una "locura" pero que siempre funcionaban. "Te marcaba el partido y te anticipaba en un 90% lo que iba a pasar durante el juego. La forma de trabajar, prácticamente, no te aburría", afirma.
Su paso por River, donde fue campeón en 2003, también lo marcó. Aunque fue un gran equipo, el éxito de Boca en la Libertadores de ese año "pega duro puertas adentro". "Más allá de los logros, Boca y River compiten todo el tiempo", explica, revelando cómo la rivalidad se vive intensamente incluso dentro del vestuario. Esa misma pasión y competencia se replicaba en los clásicos de Racing e Independiente, o Newell’s y Central, según cuenta.
Ahora, en Miami, sigue ligado a la pelota, su gran pasión. Aunque no descarta dirigir en la MLS a futuro, por ahora disfruta de su trabajo en la academia. Darío Husaín encontró su lugar en el mundo, siempre con la pelota como bandera y el recuerdo de una carrera llena de emociones y grandes maestros. Aunque lejos, nunca olvida sus raíces: "Argentina es Argentina".