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Ortiz en Filba 2025

Del mate de Nietzsche a la ignorancia jactanciosa: el discurso que sacudió Filba 2025

El escritor bahiense Mario Ortiz no se guardó nada en la apertura del Festival de Literatura, invitando a Sartre a tomar mate y debatiendo el rol del lector en tiempos de "ignorancia orgullosa".

Del mate de Nietzsche a la ignorancia jactanciosa: el discurso que sacudió Filba 2025Crédito: Infobae

Mario Ortiz, escritor de Bahía Blanca, arrancó el Festival Internacional de Literatura de Buenos Aires (Filba 2025) con un discurso que dio que hablar. Imaginó a Nietzsche tomando mate amargo mientras pensaba sus textos pesados, y luego "invitó" a Jean-Paul Sartre a sumarse a una mateada bien nuestra, lejos de la academia. ¿Qué es escribir? ¿Para quién? Esas preguntas viejas, pero que todavía nos interpelan, fueron el puntapié inicial.Ortiz cuestionó a los que dicen que escriben sin pensar en el lector. Si bien bancó la libertad creativa y no dejarse llevar por el mercado, le dejó un sabor amargo esa idea de la "soledad del poeta". Para él, la literatura es un diálogo, un encuentro, y no un monólogo en una pieza cerrada. Por eso, eventos como el Filba son fundamentales para que el escritor y el lector, de carne y hueso, puedan cruzarse, charlar y hasta debatir.Pero el discurso no se quedó solo ahí. El bahiense puso el dedo en la llaga sobre un tema que nos preocupa a muchos: la "ignorancia jactanciosa" que denunció la escritora Claudia Piñeiro. Según esta idea, hoy el "no saber" no es algo que nos empuja a aprender, sino que se fabrica y se exhibe con orgullo, usado por poderes para sus propios intereses. Es como si la ignorancia se hubiera vuelto una bandera de autenticidad.Esta situación, advirtió Ortiz, nos lleva a una "época de barbarie" donde lo que parecía imposible, volvió. Recordó frases de Goebbels o Millán Astray para marcar cómo el menosprecio por la cultura y el pensamiento crítico no es nuevo. En este contexto, el lenguaje se desfondó, se vació de contenido y se convirtió en un arma para humillar y denigrar al otro, como vemos en los comentarios de las redes o portales de noticias.Frente a este panorama, Ortiz propuso un camino distinto. No se trata de resistir sin más, ni de creerse "iluminados" que vienen a salvar al pueblo. La clave está en el compromiso del escritor con su época y con el "otro". Invitar al lector a zambullirse en la palabra, en su profundidad, es un acto político. Cuidar el lenguaje, insistió, es siempre cuidar al otro, apostando por un espacio donde las relaciones humanas sean posibles.Para describir la realidad de los que hacen literatura acá, Ortiz usó el término "escriturista", tomando la idea de "teatrista" de Jorge Dubatti. Es esa persona que no solo escribe, sino que también edita, lee, critica, enseña y da talleres. Es vivir "en la literatura", haciendo de todo un poco y atando las cosas con alambres, como buenos argentinos, mostrando una creatividad que nos hace únicos.Y para cerrar, después de "liberar" a Sartre para que vuelva a París, Ortiz hizo suya una frase del "Cura Loco" Castellani, que nos dejó picando: "escribir libros buenos para Dios y regalárselos a la República Argentina". Un compromiso fuerte con nuestro país y con la palabra, en un momento donde más falta hace.

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