La cultura, la trinchera de Ucrania: "Rusia busca borrar nuestra historia y cultura, o destruirlas"
Desde Buenos Aires, Alim Aliyev, funcionario ucraniano y tártaro de Crimea, explicó cómo la cultura es clave para la resistencia ante la estrategia rusa de aniquilación identitaria.
Alim Aliyev, un hombre que lleva en su propia historia el peso de un siglo de represiones, visitó Buenos Aires para que la voz de Ucrania resuene más fuerte en América Latina. Nacido hace 37 años en Uzbekistán, porque su familia tártara de Crimea fue deportada en 1944 —un episodio que en Ucrania se considera un genocidio—, este periodista y activista es hoy el subdirector del Instituto Ucraniano. Su misión: proyectar la cultura de su país al mundo, especialmente en estos tiempos de guerra.Para Aliyev, la cultura no es un adorno, sino una herramienta fundamental de resistencia. Él, un tártaro de Crimea que defiende con uñas y dientes la integridad de Ucrania, entiende que la guerra actual es mucho más que un conflicto territorial. "Esta guerra no es sobre territorios. Ni siquiera es entre Ucrania y Rusia. Es una guerra entre dos sistemas —el democrático y el autocrático— y, en última instancia, entre el pasado y el futuro", explicó. Y dejó bien claro cuál es la estrategia rusa: "apropiarse de tu cultura e historia, o destruirlas".El Instituto Ucraniano, que nació después de la Revolución de la Dignidad, trabaja para tender puentes entre sociedades. ¿Cómo lo hacen? A través de colaboraciones artísticas y académicas. "La confianza se construye cuando entendés mejor al otro", afirma Aliyev, y puso de ejemplo la unión del cuarteto ucraniano DakhaBrakha con nuestro Chango Spasiuk acá en Buenos Aires. Reconoció que, por años, Ucrania no se comunicó bien con América Latina, y Rusia ocupó ese espacio. Ahora, buscan su propia voz y encuentran mucha afinidad con la gente de acá: "muy abierta y emocional, se parece mucho a nosotros".Frente a la poderosa maquinaria de propaganda rusa, Aliyev es sincero: "No podemos competir con el dinero y la desinformación de Rusia". Por eso, la estrategia ucraniana se basa en construir relaciones sobre valores y la verdad, buscando socios locales que compartan esos principios. No es un camino rápido, sino una apuesta a mediano y largo plazo para generar confianza genuina, sin mentiras ni regímenes autocráticos.La cultura, insistió, es parte central de la seguridad nacional. Putin y la élite rusa niegan la existencia de Ucrania como nación y su idioma. Por eso, cuando los rusos ocupan una ciudad, queman los libros en ucraniano: quieren borrar esa identidad. "Si preservamos nuestra identidad, podremos existir como sociedad ucraniana", sentenció. Para ellos, no se trata de victimizarse, sino de mostrarse como luchadores que explican quiénes son y cómo la invasión rusa impacta en muchas otras crisis globales.La situación de los tártaros de Crimea es un reflejo de esta lucha. Bajo ocupación rusa desde 2014, viven una "recolonización": se prohíben sus instituciones, se restringe su idioma y llegan miles de colonos rusos. A pesar de las dificultades y la amenaza de extinción de su lengua, la mayoría de los tártaros elige quedarse en su tierra, resistiendo y esperando el fin de la ocupación. Para Aliyev, recuperar Crimea no es solo una cuestión política, es existencial para su pueblo.El plan de Ucrania para nuestra región es claro: autenticidad por encima de la propaganda. Quieren que la gente de acá, no solo la diáspora, se acerque a su cultura. Impulsan estudios ucranianos en universidades y lanzaron un curso online en español. El deseo final es tener una sede física, pero mientras tanto, trabajan de la mano con instituciones locales como la Usina del Arte. Es un camino de paciencia, de construir puentes reales para contrarrestar la influencia rusa.