¿Dónde quedó la vergüenza? Hoy nos importa más la pose que ser buenas personas.
La vergüenza se transformó en un producto más y nos vivimos cuidando la imagen. Tres pensadoras nos muestran por qué nos cuesta tanto ser auténticos en esta sociedad.
Antes, morirse de vergüenza era una posibilidad, hoy parece que a nadie le importa un pito. Cae un famoso en un papelón zarpado y, como si nada, a los dos minutos ya está pensando en cómo sacarle provecho. La vergüenza, esa que nos hacía poner colorados, parece que se fue de vacaciones.Es que ahora no se trata de ser buena gente, sino de parecerlo. Nos sacamos fotos haciendo "cosas buenas", nos sumamos a la grieta que nos conviene, todo para la tribuna. ¿Se acuerdan de esa modelo que se quejó porque le habían puesto "sombreado" a sus partes íntimas en una revista? ¡A ella no le daba vergüenza la desnudez, sino que no se viera como ella quería!Y esta vergüenza de cartón se ve en todos lados. Por ejemplo, en el laburo: ¿vieron que en muchas oficinas sacaron los tachos de basura? Te dicen que es por ecología o para que te muevas, pero la verdad es para ahorrar en personal de limpieza. Y ahí tenés la basura amontonada en los escritorios, ¡como si nada! Ni se molestan en disimular el curro.Lo más grave es cómo se usa la vergüenza para hacerte la vida imposible en el trabajo. Te empiezan a ningunear, te piden tareas que no valen, te hacen sentir que no servís. La idea es que te canses y renuncies por la humillación. ¡Hay casos de gente que no aguantó y se dio un palo por esto! Quedaron hechos pelota por la presión y la vergüenza de no "servir".Pasa también con los políticos. ¿Se acuerdan del escándalo por una líder "verde" que usaba un vaso de plástico descartable? ¡No importaba que usara el vaso, sino que la vieran con él! Es la dictadura de la imagen, donde lo que aparentás es más importante que lo que realmente hacés. Vivimos en una sociedad que te exige una pose constante, y si te salís de ahí, te saltan a la yugular.Pero no todo está perdido. Algunas pensadoras, como Cynthia Fleury, nos invitan a recuperar la dignidad. No esa dignidad de alcurnia, sino la de ser humanos en un mundo que nos castiga. Es volver a cuidarnos, a generar lazos de comunidad, a entender que la vergüenza, la verdadera, es la que no sienten aquellos que hacen cualquier cosa sin que les mueva un pelo. ¡Esa es la que nos tiene que preocupar!