¿Al pibe que se ahoga acá o al que está lejos? El dilema de la ayuda que nos hace pensar a todos
Un nuevo libro explora el movimiento que busca maximizar el impacto de nuestras donaciones. ¿Vale lo mismo una vida acá que en el otro lado del mundo? Una pregunta que genera debate.
Imaginate que vas por la calle, con tu mejor pilcha, y ves a un nene que se está ahogando en un charco. ¿Dudás en tirarte a salvarlo, aunque se te arruine la ropa? ¡Ni a palos! La vida del pibe vale mucho más. Ahora, ¿qué pasa si ese nene está en la otra punta del mundo, sufriendo por la pobreza extrema? ¿Nuestra obligación es la misma? Esta es la pregunta que nos tira en la cara el filósofo Peter Singer, y que da pie a un movimiento que hoy genera mucho debate.De esa idea nació lo que se conoce como "Altruismo Efectivo". ¿La posta? Buscar la forma de que nuestra ayuda, especialmente la plata que donamos, rinda al máximo. No es solo dar, sino investigar a fondo dónde y cómo cada peso puede salvar más vidas o generar el mayor bien posible. La idea es ser fríos y calculadores para que la ayuda no se pierda y realmente llegue a quienes más lo necesitan.Al principio, la cosa venía bien. Gente como Will MacAskill, uno de los fundadores, vive con lo justo para poder donar la mayor parte de su sueldo a causas como la prevención de la malaria. Pero la movida fue evolucionando. Algunos empezaron a pensar: si vale lo mismo una vida de hoy que una de mañana, ¿no deberíamos preocuparnos por salvar a las futuras generaciones o evitar apocalipsis tecnológicos? Y ahí se armó un poco de quilombo, porque la cosa se puso medio volada.Ahora, un nuevo libro de David Edmonds, "La muerte en un estanque poco profundo", le mete lupa a todo esto. Edmonds explica por qué el Altruismo Efectivo es tan atractivo, pero también por qué muchos lo critican. Algunos dicen que esta forma de pensar es demasiado fría, que los que la siguen parecen "extraterrestres" que solo ven números y se olvidan de otras cosas importantes de la vida, como el arte o la cultura. ¿De verdad solo vale salvar vidas o también hay que enriquecerlas?Otro punto clave es que, para muchos, la moralidad es algo personal, que nace de uno. Y esta movida, al querer que veamos todo desde una perspectiva global, como si fuéramos un ente sin sentimientos propios, nos hace perder un poco la identidad moral. Es como si nos pidieran que dejemos de ser nosotros mismos para pensar solo en el "bien mayor". Edmonds, si bien entiende las críticas, insiste en que la idea de ayudar a los que están lejos de la forma más efectiva posible, es algo difícil de negar.Al final, la pregunta que nos queda picando es: ¿cómo balanceamos la necesidad de ayudar de forma inteligente con la parte más humana y cercana de la solidaridad? No es fácil, y este debate nos invita a pensar un poco más allá de lo obvio cuando se trata de tender una mano.