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El bar de 8 esquinas

Bar 8 Esquinas: el boliche histórico de Chacarita con un cruce único y la historia de su dueño que te va a emocionar

Un bar legendario en Chacarita, donde se juntan tres avenidas y ocho esquinas, fue refugio de los grandes del tango. Conocé su historia y la de Miguel, su dueño ciego que lo maneja con el corazón.

Bar 8 Esquinas: el boliche histórico de Chacarita con un cruce único y la historia de su dueño que te va a emocionarCrédito: Infobae

En Buenos Aires, a veces lo imposible se hace realidad. Imaginate un lugar donde tres avenidas —Forest, Elcano y Álvarez Thomas— se cruzan y, en vez de las seis esquinas esperadas, ¡aparecen ocho! Un verdadero quilombo de calles que marca el límite entre Villa Ortúzar, Colegiales y Chacarita. Y justo ahí, en el medio de ese lío, desde 1939 se levanta un boliche con nombre simple pero exacto: el Bar 8 Esquinas. Este rincón zarpado no es solo un capricho geográfico. Desde sus inicios, fundado por unos gallegos, fue el punto de encuentro de los grandes del tango. Aníbal Troilo, Homero Manzi, los hermanos Espósito, Julián Centeya y el mismísimo Osvaldo Pugliese eran habitués. La hija del Maestro, Beba, contó que su viejo vivía cerca y que el bar, antes llamado "El Alemán", era parada obligada para tomar birra con sándwiches de lomo. Incluso hay una mesa que le rinde homenaje a Pugliese, donde le gustaba sentarse a leer el diario. Con el tiempo, el bar tuvo sus cambios, pero siempre mantuvo su esencia. Hasta que en 2005, la familia Bálsamo, oriunda de Pompeya, se hizo cargo. Y acá viene la parte que te va a tocar el alma. Miguel, uno de los hermanos, a los 25 años sufrió un accidente que le fue quitando la vista. Dejó el taller familiar, pero no el sueño de tener su propio café. Con el apoyo de su gente, se puso al frente del 8 Esquinas, aunque ya no pudiera ver los detalles. Pero la falta de visión no lo frenó. Miguel, con una sensibilidad que asombra, maneja el bar "sintiendo" el ambiente. "Cuando entro, intento percibir el clima, los ánimos, los saludos", cuenta. Toca las mesas para ver si están limpias, se guía por los olores para saber qué se cocina y prueba cada plato para asegurar la calidad. Es un ejemplo de que la pasión puede más que cualquier obstáculo, demostrando que su amor por el café y su boliche no tiene límites. Más allá de la conmovedora historia de Miguel, el Bar 8 Esquinas sigue siendo un clásico. Mantiene esa impronta alemana en la decoración y en la carta, con platos como el Goulash con Spaetzels que tardaron un año en perfeccionar. Y si antes era el templo del tango, hoy sus mesas reciben a rockeros como Pappo o Hilda Lizarazu, y futbolistas como el Beto Alonso. Un verdadero crisol de la cultura porteña. Así que ya sabés, la próxima vez que pases por esa encrucijada única en Chacarita, tomate un rato para entrar al Bar 8 Esquinas. No solo vas a encontrar un pedazo de historia y sabores increíbles, sino también la prueba de que, como decía Neruda, "podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera". Y en este caso, ni un accidente pudo frenar el deseo de un porteño de tener su propio café.

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