Pedro Mairal nos abre la puerta a "Los nuevos": "No me gusta verme, mis libros van al ropero"
El reconocido autor argentino nos cuenta los secretos de su última novela, "Los nuevos", donde tres pibes se la bancan para crecer entre mandatos familiares y la vida misma.
En charla con Del Sur, Mairal nos contó cómo se metió de lleno en esta ambiciosa historia, donde los personajes cobraron vida y lo encandilaron esta vez. Arranca en primera persona, sigue en tercera y termina con un juego de voces que te vuela la cabeza, como si los protagonistas se pasaran la pelota para contar su verdad. "Por primera vez, me encariñé un montón con los personajes", confiesa el autor, que los pensó desde el cuerpo y la emoción, algo que no le había pasado tan fuerte antes. Tienen la edad de sus hijos, pero también algo suyo, una especie de "anacronismo" que mezcla la actualidad con sus propios 19 años de los 90. No quiso hacer un estudio etnográfico de los pibes de hoy, porque "seguro la pifiaba".
La novela no se guarda nada: hay mucho sexo, cuerpos que se imponen y temas candentes. Los trastornos alimenticios, que suelen verse más en mujeres, acá los padece un varón. La madre de Bruno lo quiere economista, flaco y exitoso, pero él solo quiere tocar el bajo. "Mi hijo no me contesta", le dicen sus amigos. Y él entiende: a veces, los pibes necesitan silencio. También la bisexualidad de Thiago, esa ambigüedad que lo hace sentir "afeminado" y lo avergüenza, mostrando que la heteronormatividad y los "machos alfa" siguen pesando, sobre todo en ambientes chetos y de rugby.
La música, su otra pasión, es el corazón de la novela, funcionando como "mensajes casi telepáticos". Desde Luck-Ra hasta Keith Jarrett, las canciones atraviesan todo. Y hay un golazo: al final, un QR te lleva a un "bonus track": un falso ensayo de la banda de los personajes, con temas escritos por el propio Mairal. Bruno, por ejemplo, vive el Mundial en un Wisconsin helado, solo, mientras acá era un quilombo de festejos. "Me interesaba ese contraste, qué le pasa a un chico que mandás a un lugar pensando que es una oportunidad, pero qué le pasa emocionalmente", reflexiona. Pilar, por su parte, termina durmiendo en una baulera, una situación tremenda que Mairal compara con problemas de vivienda en Europa, mostrando que no es solo cosa nuestra.
Otro punto fuerte es cómo Mairal aborda la salud mental. Thiago está internado en un neuropsiquiátrico (tranquilos, no es spoiler, lo leés en la primera página), porque el padre, para cuidarlo, lo manda a ese lado y no al judicial. "Las líneas son muy delgadas", dice. También Pilar es "fletada" a Madrid, un "acelerador de partículas" donde si vas con ganas de joda, volvés "completamente yonqui". Son pibes vulnerables, que de golpe salen de las burbujas de protección y se topan con una realidad que los sacude, pero que también les permite empezar a elegir su propio camino.
Cuando le preguntamos cómo se ve en la literatura argentina, Mairal suelta una perlita: "Mis libros van al ropero, no me gusta verme", confiesa entre risas. Pero reconoce que uno no escribe de cero, y que ecos de Bioy Casares, Silvina Ocampo y sus amigos poetas están ahí. "Me interesa ver cómo retratan a la Argentina la gente de mi época", cierra, dejando picando la reflexión sobre las distancias entre las clases sociales y cómo se cuenta este país.