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China Eterna

La China Zorrilla: la actriz que regaló plata a un taxista y se topó con Dustin Hoffman

A once años de su partida, recordamos a la inolvidable China Zorrilla. Una mujer generosa, divertida y llena de anécdotas que la hicieron única.

La China Zorrilla: la actriz que regaló plata a un taxista y se topó con Dustin HoffmanCrédito: Infobae

China, cuyo nombre completo era Concepción Matilde Zorrilla de San Martín y Muñoz del Campo, siempre fue una "disfrutadora de la vida". Incluso frente a la muerte, demostró una curiosidad admirable, tal como le había enseñado su mamá. Se fue tranquila, durmiendo, después de ver una comedia y de asegurarles a sus seres queridos que estaba bien. Sin drama, simplemente partió, dejando un legado de risas y momentos inolvidables.

Entre sus anécdotas más jugosas, está la vez que trabajó de secretaria en Estados Unidos. Compartía oficina con un compañero que, según sus palabras, era "petiso y fiero", con "cara de no llegar a ningún lado" si quería ser actor. Dos años después, ese muchacho se despidió para ir a filmar una película a Los Ángeles. ¿Adivinás quién era? Nada menos que Dustin Hoffman, y la película, "El Graduado". ¡Qué golazo!

La plata nunca fue lo suyo. Aunque facturó muy bien con éxitos como "Esperando la carroza", "Elsa y Fred" y un montón de obras de teatro, vivía sencillo y era desprendida. Una vez, un taxista le contó que estaba endeudado y a punto de perder su casa. China, que venía de cobrar un trabajo, no se guardó nada y le dio 37 mil dólares a ese desconocido. Le dijo: "Cuando usted pueda me lo devuelve". Ocho años después, el hombre apareció en su puerta para devolverle cada peso. Ella, con su sabiduría, reflexionó: "Por uno solo que te devuelva lo que le has prestado vale la pena la cantidad de personas que no me han devuelto".

¿Quién no recuerda sus apariciones en lo de Mirtha Legrand? La China, como si nada, atendía el celular en vivo, charlando como si estuviera en el living de su casa. La diva no lo podía creer, pero al año siguiente, la escena se repitió, mostrando esa espontaneidad que la hacía tan querida.

También fue un ejemplo de humildad en el set. Durante el rodaje de "Esperando la carroza", Betiana Blum no se sentía cómoda con el vestido que le habían preparado. Encontraron uno rojo que le quedaba pintado, pero China ya tenía uno del mismo color para su personaje. Lejos de oponerse, la China decidió usar otro, transformando lo que podría haber sido un quilombo en uno de los gags más memorables de la película, jugando a que iba a cambiarse para competir con su invitada. ¡Una genia!

China entendía que la felicidad estaba en las cosas más simples: un buen almuerzo, una siesta, una película. Por eso, sin grandes pretensiones, supo disfrutar cada instante. Ella quería un cielo "igual al mundo, pero sin las cosas malas. Que esté el tipo que espera el colectivo, pero que el colectivo pase. Que se vayan muriendo los viejos y no los niños". Una verdadera filosofa popular que nos dejó un legado de alegría y humanidad.`

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