El Testamento de María: La novela que muestra a una Virgen con dudas y el dolor de perder a su hijo
Una novela que nos golpea: Colm Tóibín nos presenta a María, la mamá de Jesús, como una mujer de carne y hueso, llena de dolor y dudas, que vio a su hijo morir de la peor manera. ¿Y si la Virgen no fue tan inmaculada como nos contaron?
¿Te imaginás a la Virgen María, la mismísima madre de Jesús, revelando sus pensamientos más íntimos? Eso es lo que propone el escritor irlandés Colm Tóibín en su novela "El Testamento de María". Acá, la que habla es una mujer destrozada, una mamá judía como cualquiera de la época, que no puede salir del espanto por lo que le pasó a su hijo. Es un viaje profundo al dolor y las dudas de una persona común.La María de Tóibín sospecha que su hijo estaba medio loco, que algo no andaba bien. Lo veía haciendo cosas raras, generando disturbios por donde iba, hasta que empezaron a espiarlo, a perseguirlo y, al final, lo mataron sin piedad. Ella estaba asustada y confundida, no entendía nada. "Marcos oyó a mi hijo decir: ¿quieres ser sano? Algunos se reían. (…) se hizo el silencio y esta vez la voz dijo: Toma tu manto y camina. Marcos vio al hombre tirado y cómo retrocedía la multitud. (…) el hombre se puso de pie y mi hijo le exigió que no volviera a pecar. Y entonces el hombre comenzó a caminar dejando la camilla allí. (…) La única razón por la cual no arrestaron a mi hijo allí mismo, dijo Marcos, fue que querían vigilarlo para ver adónde iba a continuación y quienes lo apoyaban".Esta mamá vio con sus propios ojos cómo clavaban en la cruz a ese niño que llevó en su vientre, al que le dio la vida y que terminó de la peor manera posible. La duda es una constante en esta versión humana de María. Al final de su vida, cuestiona todo, hasta al mismísimo Dios. Ver la agonía y la muerte de su hijo la despedaza, la llena de temor y la hace esconderse para que no la atrapen a ella también. Por eso, con toda la culpa encima, abandona la escena de la cruz y se refugia lejos.El relato es estremecedor, te eriza la piel. Es el tormento extremo de una mujer que traspasa todas las capas y llega a lo más profundo del lector. Y justo ahí, en los peores momentos, la protagonista recuerda las épocas buenas, cuando su marido y su hijo estaban vivos y celebraban el Shabat. Siente esa nostalgia que sentimos todos. "Cada uno de los clavos era más largo que mi mano. Se necesitaron cinco o seis hombres para sujetarlo y estirarle el brazo y, cuando empezaron a clavarle el primero en una muñeca, justo donde se junta la mano, aulló de dolor y se resistió y brotaron chorros de sangre, y luego empezaron a dar martillazos para que la punta se hincara en la madera, aplastándole la mano y el brazo contra la cruz mientras él se retorcía y gritaba de dolor. […] Ahora me cuesta entender que me quedara allí observando todo eso; que no corriera hacia él ni gritara su nombre. Pero no lo hice".Tóibín nos muestra el "lado B" de María, el estado en que esta madre vive después de la crucifixión de su hijo, sus sentimientos de culpa y desprotección, su exilio en soledad y tristeza. La novela es un huracán que lo arrasa todo. Hacia el final, María, ya anciana, reflexiona: "Quiero vivir otra vez antes de la muerte de mi hijo, o antes de que se fuera de casa, cuando era un bebé y su padre vivía y había tranquilidad en el mundo. (…) Todo eso terminó. El niño se convirtió en un hombre y se fue de casa y terminó convertido en una figura agonizante colgada en una cruz. Quiero ser capaz de imaginar que lo que le pasó no llegará, que lo que le pasó nos mirará y decidirá: ahora no, a ellos no. Y que nos dejará en paz para que envejezcamos".Colm Tóibín, este escritor irlandés de primera, es reconocido mundialmente. Su pluma sensible y discreta tiene la fuerza de un huracán. "El Testamento de María" fue preseleccionada para el Premio Man Booker y hasta llegó a Broadway con Fiona Shaw y Meryl Streep grabó el audiolibro. Un golazo de novela que te va a dejar pensando, sí o sí.