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Arte al Día

Un chaparrón en París: El cuadro que nos mete en la vida de barrio de hace más de un siglo

Una joya del arte que nos transporta al París de 1877, mostrando la vida cotidiana y la arquitectura de una ciudad que se transformaba a toda velocidad. Una mirada única a la modernidad.

Un chaparrón en París: El cuadro que nos mete en la vida de barrio de hace más de un sigloCrédito: Infobae

Imaginate un día lluvioso en París, allá por 1877. Eso es lo que nos propone Gustave Caillebotte con su famosa obra "Calle París; en día lluvioso". Este cuadro no es solo una pintura, es como una ventana que nos muestra la vida de la gente en una ciudad que estaba cambiando a pasos agigantados. Se ve la Place de Dublin, un lugar clave de esa transformación que impulsó el Barón Haussmann. Caillebotte, con un ojo zarpado para los detalles, logró capturar ese momento de cambio de época.En el lienzo, vas a ver un montón de gente cruzando una esquina, todos con sus paraguas abiertos, intentando esquivar el chaparrón. Atrás, las calles y los edificios nuevos se levantan imponentes, dándole un aire monumental a todo el paisaje urbano.A diferencia de otros artistas de su época, los impresionistas, que pintaban más con manchas y luz, Caillebotte se la jugó por el realismo. Él pintaba las figuras y el entorno de la ciudad con un detalle impresionante. Parece casi una foto, ¿viste? Y es que la fotografía estaba recién apareciendo y ya empezaba a influir en los pintores. El tipo era un genio para mezclar la grandeza de la arquitectura con las escenas de todos los días, y por eso su pintura se volvió un referente para mostrar la vida moderna.Mirá que, en su momento, a Caillebotte no le daban tanta bola como a otros impresionistas. Pero en el siglo XX, su nombre volvió con todo. ¿Por qué? Porque donó una colección privada enorme que tenía, con obras de pesos pesados como Monet, Renoir, Sisley y Cézanne. Gracias a él, todo ese legado impresionista llegó a los museos de Francia, al alcance de la gente, y así se pudo entender mejor todo el movimiento.El cuadro te atrapa con esos colores medios fríos, y cómo se reflejan las luces en el empedrado mojado por la lluvia. La gente que camina es como cualquiera de nosotros, medio anónima, parte de la multitud. Todo eso te cuenta cómo era esa París que se estaba armando, con la gente yendo y viniendo, y los espacios de la ciudad cambiando a cada rato.Este pedazo de arte, que hoy se puede ver en el Art Institute de Chicago, es bien grande: mide 212,2 por 276,2 centímetros. Es la obra más importante de Caillebotte, un verdadero ícono. Su grandeza está en cómo mezcla lo clásico de la pintura con las ideas más modernas, mostrando cómo la gente común vivía y se movía en esa ciudad que se renovaba sin parar.Caillebotte nació en París en 1848 y tuvo una carrera bastante particular. Aunque pasó un tiempo en la famosa École des Beaux-Arts, su onda era más la vanguardia. Y no solo pintaba: también bancó a muchos colegas, como Claude Monet y Edgar Degas, ayudándolos con plata y dándoles una mano para que sus obras se conocieran. Un verdadero mecenas del arte, el tipo.

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