Freud le tiró la posta a los jefes: Por qué el "malestar" en la empresa no es un error, ¡es el motor!
Hace casi un siglo, el capo de Freud ya explicaba que la tensión es parte de la vida. Hoy, en las empresas, si ignoran ese quilombo, pierden guita y talento. Pero ojo, ¡se puede usar a favor!
Hace casi un siglo, el gran Sigmund Freud ya nos decía que en toda cultura hay un "malestar" inevitable. ¿Y qué tiene que ver esto con tu laburo o el de tus vecinos? ¡Todo! Cada empresa es como una pequeña sociedad donde la gente negocia lo que da (tiempo, esfuerzo) y lo que recibe (sueldo, reconocimiento). Esa tensión no es un error de los jefes, es parte de la vida en grupo.Antes, Marx hablaba de la "alienación", cuando uno cumple pero no se siente parte de lo que hace. Hoy lo vemos en equipos que laburan sin ganas, que "cumplen y mienten". Después, autores más modernos como Han nos muestran la "autoexplotación": gente que se quema trabajando horas extras, creyendo que es la única forma de crecer. Pero ojo, la Generación Z no se come esa: piden límites, flexibilidad y un propósito claro. Imaginate: en la misma oficina conviven los que se matan laburando y los que no quieren saber nada con ese sacrificio. ¡Un verdadero desafío para cualquier líder!Y es que, como diría Freud, si el "malestar" se ignora, no desaparece. Al contrario, vuelve, y con más fuerza: en forma de burocracia que te frena, gente que se va de la empresa o ese cinismo que se siente en los pasillos. Cuanto más se esconde este despelote, más caro se paga en ideas que no aparecen y resultados que no llegan.Pero la clave no es eliminar la tensión, ¡es transformarla! Puede ser destructiva, como cuando hay reglas que te ahogan o cambios sin sentido que nadie entiende. Por ejemplo, un banco que pone un sistema nuevo pero complica más a los clientes. O puede ser productiva: disciplina con un para qué, errores de los que se aprende, debates que traen ideas nuevas. Una fábrica que usa cada falla para mejorar sus procesos, haciendo que el equipo aprenda más rápido y labure con orgullo.Entonces, el "malestar" no es algo a borrar, ¡es materia prima! De esa fricción salen las mejoras, las innovaciones y una cultura que te permite competir de verdad. Los jefes que entiendan esto van a poder usarlo como combustible, en vez de pasarse el día apagando incendios. Freud no hablaba de números de la bolsa, pero sí de cómo la tensión entre lo que uno quiere y lo que se logra en grupo es clave para el éxito. La pregunta es simple: ¿Tu empresa convierte ese "quilombo" en crecimiento?