Las pruebas PISA volvieron a dejar una postal incómoda: a muchos estudiantes argentinos les cuesta entender lo que leen. Y Juan María Segura, asesor y experto en innovación y gestión educativa, puso el foco en un cambio de época que no perdona.
Según planteó, los chicos leen menos en papel y pasan más tiempo frente a pantallas. Ahí, dijo, predominan textos cortos, rápidos y más simples, mientras que en la escuela sigue pesando el libro de siempre.
“Los estudiantes argentinos leen menos y tienen dificultades para comprender lo que leen”, sostuvo. Para el especialista, esa costumbre de lectura en el celu o en redes no es un detalle menor: también complica sostener la atención cuando aparecen textos largos y más enroscados.
Segura fue más allá y señaló que el problema no se arregla solo mirando al alumno. A su entender, hay que repensar cómo se enseña y hasta cómo se evalúa la lectura en una época dominada por contenidos breves y formatos digitales.
En esa línea, propuso formatos híbridos y un método de enseñanza unificado, con preferencia por el fonológico. Y remató con una frase filosa: “Estamos ante un problema de mala política pública”. ¿Será hora de dejar de mirar para otro lado?

