Hablar solo, en voz alta y hasta armarse una charla con uno mismo, pasa más seguido de lo que uno cree. Durante años quedó pegado a la idea de “estar mal”, pero la psicología le da otra vuelta.
La psicóloga Delfina Sosa explicó que poner en palabras lo que pasa por la cabeza puede servir para ordenar ideas y emociones. O sea: a veces la mente necesita escucharse para no hacer tanto bardo.
Uno de los beneficios más claros está en el estrés. Escuchar los propios pensamientos en voz alta puede dar una sensación de control cuando todo se pone pesado.
También ayuda a concentrarse y a fijar mejor la información. Decir en voz alta lo que uno está haciendo, estudiando o tratando de resolver puede ser una mano bárbara para no quedar pagando.
La idea no sale de la galera: investigadores de la Universidad de Waterloo, en Canadá, publicaron en la revista Memory un estudio sobre los beneficios de escucharse a uno mismo. Ahí analizaron cómo repetir información en voz alta puede favorecer el aprendizaje.
Además, hablar solo puede servir antes de una charla difícil. Ensayar lo que se quiere decir permite practicar el tono, ordenar respuestas y llegar con un poco más de confianza, que no viene nada mal.
La clave está en mirar el contenido de esa charla interna. Sosa advirtió que deja de ser sano cuando el mensaje es negativo o autodestructivo, o cuando en vez de ayudar termina trabando todo.
La alerta más seria aparece si se pierde el contacto con la realidad. En esos casos, la persona puede dejar de hablar consigo misma y empezar a interactuar con alguien que existe solo en su imaginación, y ahí conviene pedir ayuda profesional. ¿Viste que no todo lo raro es malo?

