La minería en San Juan mueve el mercado y también el laburo. Pero mandar un CV desordenado es casi regalarle tiempo al reclutador. Si querés entrar a un proyecto minero, la hoja de vida tiene que ir al hueso.
Lo primero es no escribir una biblia. Una o dos páginas alcanzan, porque nadie se va a fumar tu historia completa en la primera mirada. Arrancá por los datos de contacto, que parece obvio, pero más de uno se olvida y queda pagando.
Después va una descripción corta y clara. Contá quién sos profesionalmente, en qué te especializás y qué buscás. Si te vas por las ramas, te saltean sin culpa.
Si tenés experiencia en minería, poné puestos, empresas, fechas y tareas. No digas solo “mantenimiento”: explicá qué equipos reparabas y qué herramientas usabas. El detalle es lo que te separa del resto.
Y si todavía no pisaste una mina, tampoco te bajes del tren. Sumá oficios, cursos técnicos y laburos anteriores que muestren que sabés trabajar en equipo, aguantar turnos y adaptarte. Al final, eso también vale oro. ¿Tu CV entra por la puerta o se queda en la pila?

