Un estudio científico detectó cambios importantes en la nieve, el hielo y las rocas de la cordillera, y San Juan quedó entre las cuencas más golpeadas por esas modificaciones.
El trabajo lo hizo un equipo del Instituto Argentino de Nivología, Glaciología y Ciencias Ambientales (IANIGLA), junto con el Conicet, bajo la coordinación de Juan Cruz Ghilardi Truffa. La investigación salió publicada en la revista internacional Journal of Glaciology.
Los científicos revisaron imágenes satelitales entre 1985 y 2024, y estudiaron 229 glaciares cubiertos de rocas y sedimentos en cinco cuencas de los Andes Centrales. Entre ellas, la del río San Juan mostró el mayor ascenso de la “línea de nieve”: subió 222 metros en cuatro décadas.
¿Qué significa eso? Que la nieve llega cada vez menos lejos sobre el glaciar al terminar el verano. Esa cobertura funciona como una reserva de agua y, de paso, protege al hielo que queda abajo. Cuando el límite sube, el glaciar queda más expuesto y empieza a pagar el precio.
El estudio también detectó más casos de “inanición glaciar”, un fenómeno que aparece cuando el glaciar termina el verano sin nieve, ni siquiera en su parte más alta. San Juan y Mendoza fueron las cuencas con más casos: el promedio combinado pasó de 15 por año en la década de 1980 a 28 en la de 2020.
Además, la superficie cubierta por rocas y sedimentos creció un 20% desde 1985 en las cinco cuencas. En San Juan y Mendoza, esas piedras avanzan sobre las lenguas de los glaciares y ensanchan las morenas, las acumulaciones de material en los bordes.
Los autores dijeron que los cambios se aceleraron después de 2009, en coincidencia con la megasequía que afecta a los Andes Centrales. También aclararon que el estudio no tiene relación con las nevadas abundantes de este invierno en la cordillera, y que recién habrá que ver cuánto queda después del verano. Entre los casos mencionados aparece el glaciar Agua Negra, en San Juan, con pérdidas de hielo sostenidas.
El equipo además desarrolló ANDESMAG, un programa de código abierto que identifica de forma automática distintas superficies de los glaciares a partir de imágenes satelitales. Una herramienta que, si sigue funcionando como promete, va a venir bárbara para mirar de cerca lo que pasa en la montaña sin andar adivinando, ¿no?

