La minería argentina está entrando en una etapa que, si se concreta como esperan en el sector, puede sentirse fuerte en las provincias mineras y también en el laburo de mucha gente. Con inversiones en marcha y proyectos de cobre que empiezan a tomar forma, la actividad aparece como una de las que más puede mover la economía en los próximos años.
El presidente de la Cámara Argentina de Empresas Mineras (CAEM), Roberto Cacciola, dijo que hoy la actividad genera unos 116.000 puestos de trabajo directos e indirectos y que ese número podría subir hasta 300.000.
Pero el impacto no terminaría ahí. Si se suma toda la cadena de proveedores que trabajan alrededor de los proyectos, la proyección trepa hasta un millón de empleos. En otras palabras: no se trata solo de lo que pasa dentro de una mina, sino también de lo que se mueve afuera, con transporte, logística, construcción, mantenimiento, insumos y servicios.
Para San Juan, el tema no es menor. La provincia aparece en el centro de esa expansión por proyectos de cobre de gran escala como Vicuña y Los Azules, que podrían traer más inversiones, más contratación de personal y más demanda para empresas locales.
Según Roberto Cacciola, la minería está dejando atrás la etapa de promesas y empezando a acercarse a desarrollos concretos. Ahí entran en juego el crecimiento que ya muestra el litio y el avance de los grandes proyectos cupríferos, que son los que más expectativa generan en el sector.
La clave, remarcan, es que las empresas argentinas puedan meterse en esa cadena productiva. Para eso tienen que cumplir con exigencias de calidad, seguridad, cuidado ambiental y certificaciones. Si eso pasa, una parte importante de la plata que mueven estos proyectos podría quedarse en el país y derramarse en las economías regionales.
Las proyecciones están atadas también al volumen de inversiones. Cacciola señaló que hay proyectos mineros por alrededor de US$40.000 millones presentados bajo el RIGI, y que más de la mitad ya fue aprobada.
Dentro de ese total, unos US$26.000 millones corresponden al cobre, otros US$11.000 millones al litio y el resto a iniciativas vinculadas con la plata. Además, el dirigente destacó que Argentina tiene seis proyectos de cobre considerados de clase mundial que podrían avanzar hacia la construcción.
Ese paso es el que cambia todo, porque no es lo mismo tener un proyecto en carpeta que empezar a construirlo. Cuando arrancan las obras, se mueve mano de obra, maquinaria, materiales, transporte y servicios, y ese movimiento se siente mucho antes de que salga el primer mineral.
En paralelo, la actividad también podría empujar las exportaciones. Hoy las ventas externas de minerales rondaron los US$4.000 millones en 2024, pero el sector calcula que podrían llegar a unos US$10.000 millones en 2026, sobre todo por el litio.
Más adelante, con los grandes proyectos de cobre funcionando, las exportaciones mineras podrían pasar los US$30.000 millones por año durante la próxima década. Para Roberto Cacciola, el desafío es pensar este desarrollo a largo plazo y aprovecharlo para sostener trabajo, inversión y producción durante generaciones.
En ese escenario, San Juan queda bien parada: no solo por su potencial en cobre, sino porque lo que pase con esos proyectos puede cambiar el perfil productivo de la provincia y abrir más oportunidades para empresas, trabajadores y servicios locales.

