La situación en las panaderías de San Juan se sigue poniendo cuesta arriba. Entre la suba de los insumos y la caída del consumo, el sector siente el golpe en el mostrador y también en el bolsillo de la gente, que compra lo mismo de siempre pero se lleva mucho menos.
En diálogo con Radio Mil20, el panadero Juan José Bisutti explicó que hace dos años se repite la misma escena: “La gente sigue comprando el mismo monto en pesos de pan, pero le alcanza para menos cantidad. Con lo que antes compraba 1,5 kilos, hoy lleva 400 gramos”.
El panorama también pega en los productos dulces, que son los que más cuesta vender. Facturas y tortas tienen cada vez menos salida, y Bisutti fue claro: “Un producto dulce es un artículo de lujo. Cada vez se vende menos”.
La presión no viene solo por la baja en las ventas. Según detalló, la industria trabaja con una inflación de costos cercana al 10%, mientras que algunos insumos clave, como margarinas, aceites y grasas, tuvieron una suba del 110% en lo que va del año.
Hoy, el kilo de pan en San Juan ronda entre $2.000 y $3.000. Bisutti marcó además que en la Ciudad de Buenos Aires puede llegar a costar el doble. En el caso de las facturas, dijo que para cubrir costos deberían venderse entre $12.000 y $14.000 la docena, aunque en los comercios terminan saliendo casi a la mitad para no frenar más las ventas.
Las semitas y tortitas, en tanto, deberían ubicarse entre $300 y $400 por unidad. Pero con un consumo más flojo, cada ajuste se siente fuerte en el mostrador.
La baja también se nota en los pedidos de cafés y confiterías. “Si antes una confitería o un café te encargaba 10 kilos, hoy nos compra 5”, graficó Bisutti.
A eso se suma el crecimiento de pequeños emprendimientos que elaboran productos en sus casas. El panadero dijo que entiende esa salida porque muchas familias buscan una forma de sumar ingresos, aunque admitió que también les complica el panorama a las panaderías de siempre.
Con menos consumo, más costos y una competencia que no para de crecer, el sector panadero sanjuanino intenta sostenerse como puede, mientras los vecinos priorizan los productos básicos y dejan para después lo que antes era un gusto de todos los días.

