Bullying, una deuda pendiente: el reclamo de un padre sanjuanino tras el caso de Catamarca
Gabriela Garcia6 min de lectura
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Foto: Del Sur Diario
Fernando Merino, padre de Florencia, la joven que perdió la visión de un ojo tras una agresión en 2013, cuestionó la falta de respuestas institucionales y advirtió que los proyectos para abordar la problemática siguen demorados.
El caso de bullying que conmocionó a Catamarca, tras la difusión de un video en el que una estudiante reconoció haber humillado a una compañera durante el viaje de egresados a Bariloche, volvió a exponer una problemática que persiste pese a las campañas de concientización: la violencia entre adolescentes y las dificultades para proteger a quienes la padecen.
Según trascendió, la menor de 17 años ya había atravesado una situación de extrema vulnerabilidad por la difusión de material íntimo sin su consentimiento. Sin embargo, durante el viaje realizado entre el 3 y el 11 de octubre, volvió a sufrir burlas y humillaciones. El episodio también abrió interrogantes sobre las medidas de protección y la responsabilidad de los adultos y las instituciones educativas.
En San Juan, una historia ocurrida hace más de una década refleja las consecuencias que puede dejar la violencia escolar cuando no se logra detener a tiempo. Florencia Merino tenía 13 años cuando, en 2013, sufrió una agresión dentro del Colegio Dante Alighieri que le provocó lesiones irreversibles y la pérdida total de su ojo derecho.
Su padre, Fernando Merino, convirtió aquella experiencia en una lucha para visibilizar el bullying e impulsar herramientas legales que permitan prevenir y abordar estos casos. En diálogo con Telesol Diario, cuestionó la falta de avances concretos y sostuvo que el problema excede a los menores: también involucra a las familias, las escuelas y los organismos gubernamentales.
Para Merino, una de las principales fallas está en la respuesta de los padres cuando descubren que sus hijos ejercen violencia contra otros chicos.
“Los niños nacen sanos, buenos, pero aprenden de lo que ven y de lo que escuchan”, afirmó.
En ese marco, consideró que no alcanza con reconocer el problema: es necesario intervenir, poner límites y asumir la responsabilidad por lo ocurrido.
“Primero, frenando a nuestro hijo, educándolo como corresponde, y segundo, también acercándonos a quien lo sufre, comunicándoles que penamos el actuar del chico y poniéndose a disposición de esa familia”.
Por otro lado, el padre de Florencia también apuntó contra las instituciones educativas y cuestionó que, en algunos casos, se priorice la imagen de los establecimientos por encima de la protección de los estudiantes afectados.
“A nivel institucional creo que las cosas siguen igual”, sostuvo.
Desde su perspectiva, indicó que, en la actualidad, algunos directivos continúan ocultando o tergiversando situaciones para evitar que trasciendan públicamente y afecten el prestigio de las instituciones.
Además, señaló que las respuestas suelen llegar cuando el conflicto ya escaló y que, en ocasiones, la solución que se ofrece a las familias es cambiar de establecimiento a los involucrados, sin abordar de manera integral el problema.
“Las autoridades son quienes deben frenar y ocuparse de que estas cosas no ocurran en el colegio, por más que haya problemas en los hogares”.
Para Merino, la prioridad debe ser garantizar la seguridad de quien sufre las agresiones, sin dejar de trabajar con quien las ejerce para evitar que la conducta se repita.
“Está faltando proteger a la víctima, eso es lo primero. Sí hay que ocuparse de la otra parte para que, el día de mañana, no sea una persona agresora en todos los niveles de su vida, pero insisto, debemos darle prioridad a quien más sufre”, expresó.
La Ley Florencia, entre las demoras y el reclamo de respuestas
A partir de lo ocurrido con su hija, Merino acompaña el impulso de la denominada Ley Florencia, una iniciativa que busca fortalecer las herramientas de prevención y actuación frente al bullying y otras formas de violencia, incluido el ciberacoso.
En San Juan, el proyecto fue presentado por Gabriel Sánchez y cuenta con el acompañamiento de la diputada Alejandra Leonardo, quien encabeza actualmente el seguimiento de la propuesta. Sin embargo, el padre de Florencia aseguró que la iniciativa continúa demorada en la Cámara.
“La ley que se presentó en la provincia es muy completa, incluye todas estos problemas que pasarían a ser delitos de alguna manera”, señaló.
A nivel nacional, Merino trabaja junto al diputado Cristian Andino para impulsar el proyecto en el Congreso. Según explicó, actualmente se encuentra en comisión, aunque todavía no ha sido tratada.
“No se le está dando la importancia que tiene y mientras tanto, estamos viendo lo que sucede en todo el país”, advirtió.
En ese marco, cuestionó la falta de acompañamiento político y consideró que una iniciativa vinculada con la prevención de la violencia escolar debería contar con un respaldo que trascienda las diferencias partidarias.
“La política no funciona a favor de los ciudadanos. No está ese apoyo incondicional que tiene que haber de los funcionarios, más allá de los partidos”, manifestó.
Un daño que no termina
Otro de los puntos que preocupan a Merino es el impacto de las redes sociales, que permiten que las agresiones continúen fuera del horario escolar y amplifican la exposición de las víctimas.
“Hoy la violencia está presente las 24 horas del día, con el ciberbullying y las redes sociales”, señaló.
A más de 13 años de la lamentable situación que sufrió Florencia, su padre aseguró que las consecuencias siguen presentes. La joven continúa con su vida y sus estudios, pero convive con secuelas físicas permanentes.
“El daño es permanente. Mi hija perdió por completo la visión del ojo derecho, y con el izquierdo ve la mitad”, expresó.
Fernando Merino y su hija, Florencia, quien fue víctima de bullying en 2013.
Y el dolor también alcanza a su entorno familiar. Merino recordó que, durante estos años, debieron afrontar repetidas situaciones de hostigamiento y que todavía hay personas que intentan presentar lo ocurrido como una circunstancia casual.
“No es un juego cuando sufre otra persona”, afirmó.
El Bullying, una deuda pendiente
La experiencia de Merino con su hija lo llevó a insistir en que la sociedad no debería esperar a atravesar una situación semejante para involucrarse. Para él, la empatía y la intervención temprana son fundamentales, tanto para acompañar a las víctimas como para exigir que las familias de quienes ejercen violencia asuman su responsabilidad.
“La gente no tiene que esperar a que les pase algo para entenderlo. Hay que ser empáticos y darse cuenta de lo que pasa”, reflexionó.
Mientras casos como el de Catamarca vuelven a instalar el debate, Fernando sostiene que la concientización, por sí sola, no alcanza si no se traduce en medidas concretas. Su reclamo apunta a que las familias, las escuelas y el Estado actúen antes de que las agresiones escalen y dejen consecuencias irreversibles.
“
Es un problema que se ve con los niños pero que es un reflejo de los grandes. Entonces somos nosotros quienes debemos resolverlo a la brevedad para evitar un daño mayor”, concluyó.