En San Juan y en todo el país, la movida de las tasas vuelve a meter ruido en la economía de todos los días. Después de seis meses de fuerte compresión, los rendimientos en pesos empezaron a subir en casi toda la curva, en un contexto de menos liquidez y con el Gobierno tratando de mantener a raya la presión sobre el dólar.
Según un informe de GMA Capital Research, la suba se notó tanto en los instrumentos a tasa fija como en los ajustados por inflación. El S14G6 pasó de rendir 23,8% a 25,5%, mientras que en los plazos más largos las tasas llegaron al rango de 28% y 29%. En los bonos CER, el cambio fue más fuerte: el tramo corto, que hace tres meses llegó a operar con tasas reales negativas de 1,5%, ahora ofrece rendimientos reales de entre 4% y 5%.
Federico Machado, economista de LLZ, explicó que la política monetaria se mueve según lo que pasa con el tipo de cambio. En su lectura, durante el primer semestre, con un dólar más ofrecido, el Gobierno dejó que las tasas reales fueran negativas. Pero desde junio, con el dólar más presionado, el BCRA empezó a sacar más pesos de los que mete, y eso empujó la tensión sobre las tasas.
El informe también pone la lupa sobre el financiamiento del Tesoro. En julio, el financiamiento neto llegó a $6,2 billones y el Ministerio de Economía volvió a absorber una buena cantidad de pesos del mercado. En la última licitación, además, tomó bastante más de lo que necesitaba para cubrir vencimientos, lo que redujo la liquidez disponible. Después, parte de esos 4 billones extra habrían sido depositados en el Banco Nación.
Facundo Pascual, asesor financiero, señaló que no se trató de una suba clásica de la tasa de política monetaria, sino de un apretón de liquidez que fue llegando de a poco desde la última licitación del Tesoro. Según detalló, la colocación del 29 de julio dejó un excedente cercano a los $4 billones. A eso se sumaron las operaciones del Banco Central y la menor disponibilidad de pesos en los bancos, con la caución cerca del 25% TNA y la Tamar en 23,3%, su nivel más alto desde mayo.
Los números del Banco Central muestran esa menor liquidez. El stock de operaciones de REPO cayó hasta $814.910 millones al 3 de agosto, el menor nivel desde febrero. Al mismo tiempo, el Gobierno mantuvo fuerte presencia en instrumentos dólar-linked, que durante agosto movieron un promedio diario cercano a los $247.000 millones. La estrategia ayuda a ordenar expectativas cambiarias, pero también achica los pesos disponibles en la plaza.
No todos en el mercado leen lo mismo. Juan Ignacio Alra, Portfolio Manager de one618, sostuvo que las tasas subieron por la decisión del Gobierno de absorber más pesos en la última licitación. Para él, es una jugada discutible, pero no algo fuera de lo habitual dentro de la dinámica que venía mostrando la economía.
Por ahora, Alra no ve un escenario de estrés cambiario. Dijo que el Gobierno se siente cómodo con la dinámica actual, que está comprando dólares y que, junto con los ajustes macroeconómicos que viene haciendo, no advierte un riesgo real de presión sobre el tipo de cambio como en otras etapas. En ese marco, interpreta la suba de tasas más como una calibración de la liquidez que como una defensa de emergencia del dólar.
El punto sensible aparece si este apretón se estira en el tiempo. Si las tasas se mantienen altas por mucho más, pueden empezar a pegarle al crédito, al consumo y a la inversión. Hoy ya se ve una señal: la BADLAR promedió entre 21% y 22% TNA durante julio, mientras que los préstamos personales rondaron el 66%. La diferencia entre lo que pagan los bancos por los depósitos y lo que cobran por prestar quedó en niveles muy altos.
Machado cree que el golpe extra puede ser limitado porque el crédito ya venía frenado. Dijo que apenas repunta en algunos segmentos, como documentos e hipotecario, mientras que en el resto la alta morosidad sigue trabando la dinámica. Los datos muestran que entre diciembre y julio, descontada la inflación, los préstamos personales cayeron 5,9%, las tarjetas retrocedieron 7,7% y los prendarios bajaron 5,3%.
La discusión, entonces, está abierta. El Gobierno logró evitar por ahora una tensión cambiaria mayor, pero la contracara empieza a sentirse en las tasas. Para la gente, eso puede traducirse en crédito más caro, menos consumo y menos margen para mover la economía cotidiana. Si el apretón deja de ser pasajero, la calma del dólar puede terminar costando más de la cuenta.

