El presidente Javier Milei llegó a Nueva York con los tapones de punta y le tiró con todo a la ONU. La definió como inútil y dijo que termina alimentando a una casta de parásitos, disfrazados de burócratas bien intencionados.
En su tercer discurso ante la Asamblea General, también apuntó contra quienes se presentan como defensores de los Derechos Humanos. Según planteó, respaldaron dictaduras sanguinarias y miraron para otro lado frente al terrorismo islámico y a genocidios de cristianos en África.
El mandatario volvió a meter la cuestión Malvinas en el centro de su mensaje. La calificó como causa nacional y le pidió a Reino Unido retomar el diálogo para reanudar las negociaciones por una salida pacífica a la disputa de soberanía.
También cuestionó a la ONU por haber dado la espalda a las Islas Malvinas, Georgias del Sur, Sándwich del Sur y los espacios marítimos circundantes. Para Milei, ahí se ve la distancia entre las palabras lindas y la realidad, una vieja costumbre que en la política internacional queda siempre picando.
Además, defendió el capitalismo de libre empresa, respaldó el alineamiento de la Argentina con Estados Unidos e Israel y rechazó la regulación de la Inteligencia Artificial. Dijo que el país quiere quedar en la vanguardia de la libertad; ahora habrá que ver si en ese tablero mundial le dejan jugar sin hacerle trampa, ¿no?

