Las estafas virtuales y los arrebatos están entre las preocupaciones que más le mueven el amperímetro a la Policía de San Juan. El subjefe de la fuerza, Pablo Torres, explicó que prevenirlos no siempre es fácil y que hace falta más tecnología y recursos.
Torres habló en el programa De qué se trata, de La Mil20, y contó que la conducción mantiene el plan de seguridad que viene aplicando la actual plana mayor. La idea, dijo, es bajar los índices delictivos y mejorar la respuesta cuando aparece el bardo en la calle.
Uno de los puntos que marcó fue el arrebato, un delito que suele aparecer cuando menos se espera. “Es el momento, es la casualidad”, resumió, porque muchas veces el tipo anda mirando la calle hasta que encuentra la oportunidad y sale disparando.
Ahí entran en juego el patrullaje por cuadrículas, el llamado rápido al 911 y las cámaras de seguridad. Si la víctima aporta datos del sospechoso, la Policía puede reconstruir el recorrido y seguirle el rastro, algo que a veces termina en aprehensiones.
También habló de los robos bajo la modalidad de escruche, cuando se meten a una casa sin que haya gente adentro. Según contó, hubo investigaciones que permitieron identificar a sospechosos llegados desde otras provincias para cometer esos hechos en viviendas de fin de semana o de mayor poder adquisitivo.
En esa misma línea, remarcó que las estafas virtuales son otro dolor de cabeza. Dijo que entre el 60% y el 70% de los casos no logra identificar a los responsables, aunque a veces el análisis de cuentas, teléfonos y movimientos de dinero permite destrabar la historia.
Sobre ese tema, explicó que el dinero suele pasar de una cuenta a otra y después se pierde el hilo. Por eso, los investigadores revisan dispositivos, cruzan datos y buscan coincidencias; un laburo fino, de esos que pueden llevar días por una pista chiquita.
Torres también pidió más personal, móviles y equipamiento, y recordó que la fuerza cuenta con unos 6.800 efectivos. Además, señaló que avanzan las gestiones para sumar cámaras, chalecos antibalas y pistolas Taser, siempre con la capacitación previa que corresponde. ¿La receta? Más recursos, más formación y menos margen para que el delito haga la suya.

