El Gobierno salió a ponerle el pecho a las denuncias por supuestas irregularidades en la compra de alimentos para la Quinta de Olivos. La respuesta oficial apunta a una confusión entre lo que se podía pedir y lo que realmente se pidió.
Según la auditoría que citan en Presidencia, no hubo sobrecompra como se denunció. El punto, dicen, está en que algunas cuentas tomaron como consumo efectivo los máximos de las órdenes abiertas, y ahí empezó el bardo.
La Casa Rosada armó cuadros comparativos con contrataciones de otros años y con las cantidades efectivamente solicitadas. En el Gobierno remarcan que varios de esos períodos fueron de pandemia o de salida de la pandemia, cuando la presencialidad era mucho menor.
Hoy, según los datos que manejan, trabajan unas 2.000 personas en Casa Rosada y alrededor de 1.300 usan el servicio de comida todos los días. En Olivos calculan unos 130 comensales con dos servicios diarios, o sea unas 260 comidas. Nada de magia: cuentan comensales, no fantasmas.
La explicación oficial insiste en una diferencia clave. Una orden de compra abierta fija un techo posible, pero las solicitudes de provisión muestran lo que efectivamente se pidió. En paralelo, la denuncia de la diputada Marcela Pagano tramita en el Juzgado Federal N°12.
Para defenderse, el Gobierno mostró números de carnes, frutas, verduras y bebidas de Casa Rosada y de la Quinta de Olivos. En carne, por ejemplo, dicen que en 2021 la orden para Casa Rosada contemplaba 28.817 kilos, mientras que en 2025 fueron 17.890 y se solicitaron 17.700.
Para Olivos, la comparación oficial marca 8.676 kilos en 2021 frente a una orden por 7.470 kilos en 2026, de los cuales se pidieron 6.229. Ahora la discusión queda en manos de la Justicia, que tendrá que dirimir si hubo irregularidades o si la cuenta venía torcida desde el arranque, ¿no?

