Una ortopedia de San Juan quedó metida en una estafa bancaria de las que dejan a cualquiera con julepe. En menos de 48 horas, desconocidos hicieron casi 30 transferencias y se llevaron un monto cercano a los $200 millones.
La causa está en manos de la UFI de Delitos Informáticos y Estafas, que ahora trata de reconstruir quiénes participaron y por dónde salió la plata. También buscan saber si todavía se puede recuperar una parte, aunque el tiempo jugó en contra.
Todo habría arrancado con una gestión bancaria que parecía de rutina. Uno de los responsables de la ortopedia buscó un número en Google, llamó, cortó y enseguida recibió otra comunicación que terminó siendo el gancho del fraude.
Según fuentes judiciales, del otro lado se hicieron pasar por personal del banco y metieron la idea de que había un problema de seguridad. Con ese verso, le fueron indicando pasos para obtener los datos de acceso y abrir la puerta a la cuenta.
Después vino el vaciamiento a toda máquina. Las transferencias fueron por montos que iban de $1 millón a $10 millones, y el dinero habría pasado por cuentas intermediarias, billeteras virtuales y hasta circuitos vinculados con criptomonedas. Un bardo difícil de seguir, justo lo que buscan aprovechar los estafadores.
Desde la fiscalía ordenaron medidas para bloquear algunas cuentas receptoras, pero la denuncia no llegó al instante. Para cuando se activó el operativo, parte del dinero ya podía haber cambiado de mano otra vez.
El caso volvió a dejar una advertencia bien concreta: no buscar teléfonos de bancos en Google cuando hay una urgencia. Lo más seguro es usar los canales oficiales de la app, la tarjeta o la documentación de la entidad. Porque, a veces, un llamado alcanza para dejarte mirando la cuenta como quien vio pasar el tren, ¿no?

