La llamada tormenta de Santa Rosa no tiene calendario rígido, aunque todos le miren el 30 de agosto. El Servicio Meteorológico Nacional (SMN) explica que aparece cuando se juntan calor, humedad e inestabilidad al final del invierno.
La tradición la asocia con la fecha de Santa Rosa de Lima, pero la meteorología no firma ese pacto. Para que haya tormenta, además, tiene que haber actividad eléctrica, con relámpagos y truenos; si no, es otra cosa.
La explicación está en la transición hacia la primavera, que suele venir movidita. Hacia fines de agosto puede entrar aire cálido y húmedo desde el norte, mientras siguen llegando perturbaciones desde el oeste. Con esa mezcla, el cielo a veces se pone bravo.
Los registros del SMN sobre el Observatorio Central Buenos Aires, entre 1906 y 2024, muestran tormentas en 68 de 119 años, un 57% de los casos. O sea: hay chances, pero no es ley; no todos los años se arma el mismo bardo.
Cuando pega, puede traer lluvias fuertes en poco tiempo, granizo, ráfagas y mucha actividad eléctrica. También puede dejar agua acumulada, ramas caídas y problemas para circular, así que mejor no hacerse el guapo con el cielo, ¿no?

