El juicio por la muerte de Diego Maradona entró en una parte pesada, de esas que no aflojan ni un poco. Los fiscales Patricio Ferrari y Cosme Iribarren pidieron 12 años para Leopoldo Luque, 8 para Agustina Cosachov y 10 para Nancy Forlini.
Además, la fiscalía adelantó que no va a sostener cargos contra Pablo Di Spagna. Ferrari fue claro: dijo que, para ellos, “no tiene responsabilidad penal” y que fue el único que hizo lo que tenía que hacer.
En su alegato, la acusación dividió a los imputados en dos grupos. A Luque, Forlini y Cosachov los ubicó como responsables por homicidio con dolo eventual; a Carlos Díaz, Mariano Perroni y Ricardo Almirón, por homicidio culposo.
Ferrari cargó fuerte contra Luque y dijo que era el médico de cabecera, pero que no profundizó estudios, no actualizó la historia clínica y no gestionó una internación en un centro especializado. También cuestionó la internación domiciliaria y aseguró que en la casa “no había nada” de lo prometido.
La fiscalía sostuvo que Maradona era un paciente complejo y que la muerte era evitable. También afirmó que la Junta Médica concluyó que hubo una atención inadecuada y que el fallecimiento se produjo después de un período de agonía prolongado de 12 horas. Un expediente que, por lo visto, venía con demasiadas alarmas y nadie quiso mirar, ¿no?

