A Javier Milei le gusta repetir que su tarea pasa por la inflación y la delincuencia. Pero hay otro tema que le viene respirando en la nuca: el desempleo.
Para una porción cada vez más grande de la gente, conseguir laburo ya es parte del examen que deberá aprobar quien llegue a la Casa Rosada en 2027. Y no parece un detalle menor, che.
El problema es que el presidente no compra del todo ese diagnóstico. La estadística del Indec marca una desocupación de 7,9%, un nivel que luce moderado frente a los golpes de los años 90 y de 2002.
Pero la calle dice otra cosa. Una encuesta de Atlasintel mostró que el 75% de la población ve mal la situación laboral, y el empleo quedó segundo entre los mayores problemas, detrás de la corrupción.
Además, sondeos de la Universidad San Andrés y de Mora Jozami marcaron respuestas parecidas. La inflación sigue en la conversación, sí, pero ya no está sola arriba de la tabla; ahora comparte cartel con un tema que pega de frente en cualquier casa.
En el Gobierno saben que esa tensión existe. Por eso apareció la discusión interna: seguir apretando el freno para bajar precios o aflojar un poco y darle aire al crédito, a la actividad y a las pymes.
El problema es que esa salida chocaría con la receta que defiende Toto Caputo, que sigue firme con la política monetaria dura. En la última licitación del Tesoro, de hecho, absorbió $1,8 billones, una señal que no pasó desapercibida.
Mientras tanto, empresarios locales también le marcan la cancha al Gobierno por la apertura a las importaciones y el atraso cambiario. Milei, por ahora, insiste con su idea de que los puestos van a moverse hacia sectores como la energía, pero para una elección falta apenas un año. ¿Alcanza con prometer reconversión cuando la changa no aparece?

