La Casa Blanca ya armó el plan por si le toca remar con el Congreso en contra. La idea, según informes internacionales, es gobernar con órdenes ejecutivas, decretos y vetos, sin quedarse mirando cómo se le cierra la puerta.
El presidente Donald Trump viene recorriendo el país para empujar a sus votantes, pero su entorno no se quedó de brazos cruzados. Mientras él pide apoyo republicano, sus principales colaboradores preparan terreno por si la cuenta no da y toca perder bancas.
El propio Trump ya dejó una frase que pinta el clima: dijo que podría convertirse en el “señor veto”. Lo explicó en una entrevista y marcó que, si los republicanos pierden el control del Congreso, usaría esa herramienta durante “uno o dos meses” antes de sentarse a negociar.
Del otro lado del escritorio, dos nombres llevan la posta de los preparativos: Stephen Miller y Russell Vought. Junto al asesor jurídico Will Scharf, revisan qué puede hacer el presidente sin pedir permiso a una nueva ley, que no es poca cosa.
Entre las medidas que barajan aparecen nuevos aranceles, más dureza para visados de estudiantes y trabajadores temporales, y cambios en el uso de fondos federales. En criollo: la Casa Blanca quiere tener margen para mover fichas sin que cada jugada termine trabada en Washington. ¿Y el Congreso? Que no se duerma, porque acá nadie quiere quedar pagando.

