La cuenta no cierra para los pibes y pibas de Argentina: apenas 14,2% de los jóvenes logra un empleo pleno de derechos. El dato sale del Observatorio de la Deuda Social Argentina de la Universidad Católica Argentina y pone sobre la mesa un problema que viene de lejos.
El informe, llamado “Juventudes desiguales: entre la promesa y la exclusión”, trabajó con datos de la Encuesta de la Deuda Social Argentina entre 2021 y 2025. Y no se quedó solo en el laburo: también miró estudio, salud mental, vínculos y violencia de género.
Ahí aparece la primera piña: el 39,6% no completó la secundaria obligatoria, mientras que solo el 32,4% asiste o terminó estudios superiores. En el estrato medio alto, el 69% inició o completó nivel superior; en el muy bajo, el 64,7% no terminó la escolaridad obligatoria. Flor de diferencia.
Con el trabajo pasa algo parecido. El empleo regular llega al 38,9% de los jóvenes del estrato medio alto, pero cae al 19,7% en el muy bajo. Además, uno de cada cinco no estudia ni trabaja, aunque esa situación sube al 34,2% en los sectores más bajos y baja al 8,3% en los más altos.
El estudio también mete la lupa en lo que pasa puertas adentro de la casa. El hogar de origen pesa, y mucho: cuando hay empleo pleno en la familia, crecen las chances de seguir estudiando; cuando manda la precariedad, el panorama se pone más áspero. ¿Y el resto? Malestar psicológico, menos redes de apoyo y más experiencias de violencia de género entre las jóvenes de sectores más castigados.

