La carne argentina salió a hacer caja y volvió con una sonrisa de oreja a oreja. Entre enero y julio de 2026, el país exportó 403.100 toneladas de carne vacuna y facturó USD 2.768,6 millones.
El dato tiene truco de mercado: el volumen subió 6,7%, pero la plata creció 41,8%. O sea, no fue solo vender más, sino vender bastante mejor.
El Consorcio de Exportadores de Carnes Argentinas (ABC) marcó que en julio el valor promedio llegó a USD 7.123 por tonelada, 27,5% arriba del mismo mes del año pasado. Mario Ravettino, presidente de la entidad, remarcó que los volúmenes crecieron 6,7% y el valor obtenido, 41,8%.
La cosa no vino de un día para el otro. Después de tocar un piso cercano a USD 3.740 a mediados de 2024, el precio empezó a remontar y llegó a rozar los USD 7.300 en mayo de este año. El mercado, cuando se despierta, no avisa dos veces.
China siguió al frente como principal comprador, con el 59,8% del volumen acumulado en los primeros siete meses. Y Estados Unidos también ganó terreno: al 17 de agosto, la Argentina ya había usado el 77,6% de su cuota anual de 20.000 toneladas con acceso libre de aranceles. Con semejante tablero, la pregunta es simple: ¿quién afloja primero, el precio o el apetito externo?

