El asado sigue vivo, pero ya no le gana tan fácil al bolsillo. En San Juan, el consumo de carne vacuna se vino abajo y pasó de cerca de 60 kilos por habitante al año en 2016 a unos 44 kilos en la actualidad.
La baja pega de lleno en la mesa de todos los días. Empresarios del rubro y economistas coinciden en que la pérdida de poder adquisitivo cambió la compra: ahora se mira más el precio que el antojo, y la parrilla quedó medio en pausa.
El empresario cárnico sanjuanino Sebastián Parra habló con TELESOL y dijo que la caída viene “abrupta”. Contó que los valores siguen altos, con blandas especiales entre $15.000 y $25.000, y asados entre $14.000 y $25.000.
Parra también marcó que crece la venta de cortes más económicos, como la carne molida y los cortes con hueso. Según explicó, la gente busca “subsanar” el precio con otras proteínas, y ahí el pollo y el cerdo se llevan una buena parte del plato.
En esa línea, el comerciante Duilio Grafigna contó que en su carnicería de barrio el consumo se mantiene, aunque con esfuerzo. Dijo que la carne común está en $8.000, la punta de espalda puede llegar a $26.000 y una paleta cuesta $16.000; o sea, para hacer un asado hay que sacar cuentas, ¿o no?

