La Selección Argentina cayó 1-0 frente a España en la final del Mundial 2026, un partido que se definió en tiempo extra y dejó una postal fuerte para el recuerdo. Apenas Slavko Vincic marcó el final, la alegría fue toda para la Furia Roja y el golpe, inevitable, cayó sobre el conjunto nacional. El cansancio y la bronca se mezclaron en esos segundos pesados, después de un cierre caliente que incluyó cruces entre Otamendi y Rodri, y luego entre Paredes, Eric García y Gavi.
En medio de ese panorama, las cámaras se fueron directo a Lionel Messi. El capitán saludó a varios jugadores españoles, se sentó sobre el césped y se sacó los botines, como buscando respirar después de una noche durísima. Más tarde, ya con la medalla de plata en el pecho, se quebró al ver el cariño de la gente argentina que acompañó en Nueva York/Nueva Jersey. Fue un momento de pura emoción, de esos que pegan fuerte y quedan grabados.
Messi, otra vez, mostró la frente en alto aun en la derrota. La imagen del rosarino llorando, agotado y agradeciendo el aliento, resumió el dolor de una final que se escapó en el alargue. La Selección se volvió con la bronca de haber estado tan cerca, pero también con la dignidad de haber peleado hasta el último tramo. Y el capitán, como tantas veces, quedó como el rostro más humano de esa mezcla de tristeza y orgullo.

