Un informe de la UBA muestra que casi la mitad de los jóvenes vive en condiciones de vulnerabilidad
Un estudio nacional expone una realidad que pega fuerte: precariedad, desempleo, ansiedad y pocas expectativas de mejora para miles de chicos y chicas.
Un relevamiento de la Universidad de Buenos Aires (UBA) encendió todas las alarmas: el 48,9% de los jóvenes de entre 18 y 29 años vive en condiciones de vulnerabilidad social. El trabajo, que se presentará esta semana, fue realizado por investigadores del Ciclo Básico Común (CBC) en el marco del PIDAE-UBA. Para el estudio se hicieron 1002 encuestas presenciales en todo el país, y el dato que más preocupa es que el 73% de los afectados está fuera del AMBA.
La investigación, coordinada por Felipe Vega Terra, puso la lupa sobre las condiciones de vida, las creencias y las expectativas de la juventud argentina. Y el panorama no da respiro. Uno de los hallazgos más duros fue la aparición del grupo llamado "Triple Ni": jóvenes que no estudian, no trabajan y tampoco buscan empleo. "Si bien se trata de un segmento minoritario, estamos rente a una franja social alejada de toda red de pertenencia, reconocimiento e integración social", advirtió Juan Cruz Esquivel, director de la investigación e investigador del CONICET.
Entre los jóvenes que están desocupados, que representan el 30,6%, apenas cerca del 40% sale a buscar trabajo de manera activa. Aun así, el 70% de los encuestados tiene alguna ocupación, aunque en general se trata de empleos informales y precarios. Solo el 19% cuenta con trabajo formal, pero ni siquiera eso alcanza para salir de la vulnerabilidad. Como si fuera poco, el 78% no tiene cobertura de salud privada ni obra social, por lo que termina recurriendo a los hospitales públicos.
El informe también marca otra herida profunda: seis de cada diez jóvenes en esa situación no terminaron el secundario. Apenas el 6,7% llegó a estudios superiores. Sin embargo, casi el 88% cree que estudiar podría ayudarlo a mejorar su vida. En paralelo, la salud mental aparece como un tema central: más del 70% reconoció problemas de nervios o ansiedad, el 50% dijo sentir desgano o depresión y tres de cada diez admitió dificultades para controlar el consumo de alcohol, drogas o tabaco.
De cara a lo que viene, las expectativas son moderadas y bastante terrenales. El 31,9% espera conseguir un trabajo o mejorar su situación personal en los próximos cinco años. El segundo objetivo más mencionado fue tener una casa propia, con el 29,8%. En cambio, formar una familia quedó muy atrás: apenas el 4,8% lo puso como prioridad. "Uno tendería a pensar que debería haber políticas activas de vinculación entre la educación y el trabajo", sostuvo Esquivel en diálogo con TN, y dejó planteado un desafío que, a esta altura, ya no admite más demoras.