La polémica que reavivó el debate sobre racismo y la herencia afro en Argentina
Una campaña viral instaló una acusación fuerte sobre el país y abrió una discusión más profunda. La historiadora María Rosa Olivera explicó por qué no alcanza con una frase y qué parte de la historia quedó tapada durante años.
Lo que arrancó como una chicana futbolera tras los resultados de la Selección en el Mundial 2026 terminó creciendo a lo grande en redes. En cuestión de horas, la discusión se desvió del deporte y apareció una consigna pesada: "Argentina es el país más racista del mundo". La frase se viralizó con fuerza, empujada por usuarios de distintos lugares, figuras públicas y posteos que buscaron dejar al país en el centro de la escena.
Frente a ese panorama, TELESOL DIARIO habló con la profesora y licenciada en Historia María Rosa Olivera, autora de La huella afro en Santiago del Estero. Esclavitud, afrodescendencia y disputas por la visibilidad entre la Colonia y el siglo XIX con proyecciones contemporáneas. Con más de 16 años de investigación sobre la presencia afro en el norte argentino, la especialista remarcó que no se puede resumir un proceso tan complejo en una sola etiqueta. Para ella, el debate exige contexto, memoria y menos slogan.
Olivera fue directa: "Decir que Argentina es el país más racista del mundo simplifica problemas históricos muy profundos. Son expresiones que se difunden rápidamente porque generan un fuerte impacto emocional, pero reemplazan el análisis histórico por estereotipos". Igual, aclaró que eso no borra la existencia del racismo. "Debemos ser capaces de reconocerlo para poder combatirlo", sostuvo. Según explicó, el país arrastra formas propias de discriminación, distintas a las de otros lugares, atravesadas por el mestizaje entre pueblos originarios, europeos y africanos.
La historiadora marcó que el problema de fondo no es discutir si Argentina es más o menos racista, sino entender cómo se fue armando esa lógica en el tiempo. Definió al racismo como "un sistema de ideas, prácticas y relaciones de poder que establece jerarquías entre las personas según su origen étnico o sus características físicas". En ese esquema, señaló que en el país no hubo segregación legal como en otros contextos, pero sí una fuerte invisibilización, ocultamiento y estigmatización que ayudaron a construir la idea de una nación blanca y europea.
Para Olivera, una de las heridas más profundas fue el borrado de la presencia afro en la historia oficial. Recordó que miles de personas africanas llegaron al actual territorio argentino entre los siglos XVI y XIX por el tráfico esclavista y que su participación fue clave en la economía colonial, en las Invasiones Inglesas y en las guerras por la Independencia. También mencionó a María Remedios del Valle, la "Madre de la Patria", como símbolo de una doble invisibilización: por ser afrodescendiente y por ser mujer. En ese sentido, destacó que este 25 de julio se conmemora el Día Internacional de la Mujer Afro-Latina, Afro-Caribeña y de la Diáspora.
La especialista también cuestionó la idea de que la población afrodescendiente desapareció por las guerras, las epidemias o el mestizaje. Según explicó, lo que hubo fue un proceso sostenido de invisibilización política, estadística, educativa y cultural. Con el correr de los años, los censos dejaron de registrar categorías raciales, los manuales escolares achicaron su presencia y los medios reforzaron una imagen del país ligada casi por completo a la inmigración europea. Aun así, el Censo 2022 mostró que más de 300.000 personas se identificaron como afrodescendientes, un dato que para la historiadora abre una puerta, aunque todavía queda muchísimo por hacer.