Un "Súper Niño" podría pegar de lleno en las economías regionales
Un informe advierte por un evento climático de magnitud inédita: mientras la Pampa Húmeda podría salir favorecida, el interior productivo quedaría muy expuesto a pérdidas y complicaciones serias.
Un fenómeno meteorológico de enorme escala amenaza con moverle el piso al mapa productivo del país. El El Niño ya muestra anomalías térmicas fuera de lo común en el Océano Pacífico y, según especialistas, el panorama viene cargado de preocupación para el sector agroalimentario. La abundancia de lluvias no impactaría igual en todos lados: en algunas zonas podría haber buenos rindes, pero en otras el golpe sería fuerte y directo.
¿De qué se trata este evento y por qué hablan de un caso histórico? El El Niño-Oscilación del Sur (ENOS) es un fenómeno climático global que aparece cuando se calientan de manera anormal las aguas superficiales del Pacífico tropical. Ese cambio altera la circulación de la atmósfera en distintas partes del mundo y puede provocar sequías severas en algunos lugares e inundaciones en otros. De acuerdo con un análisis de la consultora Epyca, la edición 2026-2027 se encamina a un "Súper El Niño".
Los datos que manejan son contundentes. La temperatura del mar en la zona clave del Pacífico ya superó el umbral crítico y lo hizo a una velocidad que no se veía hace 150 años. Los modelos de proyección marcan un pico de anomalía que dejaría atrás marcas históricas como las de 2015/2016 y 1877/1878. El récord anterior fue de +2,75 °C, mientras que para el próximo evento se estima una suba de +3,60 °C, es decir, +0,80 °C por encima de ese máximo.
En la Argentina, el efecto sería bien desigual. La Pampa Húmeda, que incluye a Buenos Aires, Santa Fe, Córdoba y Entre Ríos, podría recibir lluvias abundantes que recarguen los perfiles de humedad después de varias campañas castigadas por la sequía. Eso ayudaría a la biomasa y hasta podría abrir la puerta a rindes muy altos en soja y maíz, sobre todo en suelos con buen drenaje. Pero ojo: si el agua se pasa de rosca durante la cosecha fina o llegan inundaciones en verano, la calidad del grano se complica y la maquinaria directamente no entra.
Del otro lado están las economías regionales, mucho más sensibles a la humedad excesiva y a los anegamientos. En el sector vitivinícola, especialmente en Mendoza y San Juan, la primavera y el verano con alta humedad favorecen la aparición de hongos y elevan el riesgo de granizo. Eso obliga a gastar más en fitosanitarios y termina golpeando la calidad de la uva. En la citricultura y la fruticultura del Litoral y el NOA, las lluvias fuertes pueden hacer caer fruta antes de tiempo y arruinar parte de la cosecha porque los caminos rurales quedan intransitables.
También la ganadería vacuna siente el impacto en serio, sobre todo en la Cuenca del Salado y en zonas bajas del Litoral. Cuando desbordan arroyos o crecen los ríos, la hacienda tiene que ser movida a terrenos más altos, con más gastos, más estrés para los animales y mayores riesgos para los terneros. El informe además advierte que las PyMEs agropecuarias enfrentan costos operativos más altos, seguros más caros y, en algunos casos, la negativa de las aseguradoras a cubrir áreas con riesgo de inundación. En los pueblos del interior, si el campo se frena, también cae la demanda de mano de obra temporaria y se resiente el bolsillo de muchas familias.