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Violencia en Chimbas

Un remisero vivió un infierno en pleno viaje y denunció que lo atacó una patota

El trabajador contó que fue rodeado por varios delincuentes mientras hacía un viaje en Chimbas. Dijo que escapó de milagro, que le dispararon y que después no encontró respuestas en la policía.

Un remisero vivió un infierno en pleno viaje y denunció que lo atacó una patota

Un remisero sanjuanino aseguró que atravesó una noche tremenda mientras trabajaba en Chimbas, donde fue atacado por una banda que, según su testimonio, quiso sacarle el auto a la fuerza. El hecho habría ocurrido hace dos días en la zona de Buenaventura Luna y Proyectada, cerca de Benavídez y Colón. El hombre contó que lo golpearon adentro del vehículo y que alcanzó a salir apenas pudo poner primera. "Me golpeaban en la cara para poder desmayarme y sacarme el auto, pero no pudieron. Solo lograron sacarme el teléfono y la plata que llevaba. Zafé de que me mataran porque alcancé a poner primera y salir a fondo", relató.

De acuerdo con su versión, entre cinco y diez personas lo rodearon y empezaron a pegarle sin freno, incluso con chicos jugando al fútbol a pocos metros. El ruido del escape habría alertado a los padres de esos nenes, y eso, siempre según el remisero, hizo que los agresores aflojaran por un momento. Pero la pesadilla siguió. A unos 200 metros, tuvo que frenar porque los golpes le rompieron los anteojos y ya casi no veía nada para seguir manejando.

El trabajador aseguró que, mientras intentaba cerrar las puertas, empezó a escuchar disparos. "Mientras intentaba cerrar las puertas del auto empecé a sentir disparos. Después escuché un golpe muy fuerte en el baúl, como si hubiera impactado un tiro. Ahí seguí manejando con las puertas abiertas por miedo a que me mataran", recordó. Después logró llegar a la dependencia policial más cercana para pedir ayuda y avisar que los sospechosos todavía podían estar en la zona.

Según denunció, un patrullero lo llevó de nuevo al barrio para intentar ubicar a los agresores y él los reconoció enseguida. "Les dije "son esos". Pero los policías se miraron entre ellos y dijeron: "Demos una vuelta más". Cuando volvimos ya no estaban. Era obvio que al ver el patrullero se iban a escapar", cuestionó. Ya más tranquilo, pero todavía con bronca, remarcó que lo que pasó no fue un simple robo. "No fue un celular. Casi me matan por un celular. Salgo a trabajar más de 14 horas por día para darle de comer a mi familia y estuve a nada de no volver a mi casa", cerró.

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