San Juan, la montaña y un homenaje íntimo que marcó a Ernestina Pais
La conductora vivió en 2017 una experiencia inolvidable al participar del Cruce de los Andes desde San Juan. Ese viaje, cargado de historia y emoción, estuvo ligado al último recorrido que compartió con su padre antes de su desaparición.
La muerte de Ernestina Pais, a los 54 años, volvió a traer a la memoria una de las vivencias más profundas que la conectaron con San Juan. Según informaron medios nacionales, la periodista y conductora manejaba un Honda Civic cuando quiso cruzar las vías en la esquina de Sáenz Peña y El Cano, con la barrera baja. En ese momento, una formación del Tren de la Costa impactó contra el vehículo.
Pero más allá de ese final trágico, en 2017 Pais dejó una huella muy especial en la provincia al sumarse al histórico Cruce de los Andes a caballo. La propuesta no fue solo una aventura ni una postal turística: para ella significó un homenaje cargado de sentido hacia su padre, desaparecido durante la última dictadura militar. La travesía se hizo en el marco del Bicentenario de la Gesta Libertadora de José de San Martín y reunió a unas 200 personas, entre civiles y gendarmes.
Durante cinco días, la conductora recorrió la cordillera sanjuanina con una emoción difícil de explicar. Ella misma contó después que el último viaje que había compartido con su padre fue rumbo a Chile, cruzando la montaña. Años más tarde, mientras estaba en San Juan para conducir Un Sol para los Chicos, dijo que quería vivir esa experiencia. Cuando llegó la invitación oficial, no lo dudó ni un segundo y se anotó.
Ya en plena travesía, recordó que no dejaba de pensar en su padre y en la lucha que él había sostenido antes de desaparecer en 1976. Para ella, ese cruce fue una forma de mantener viva su memoria en un escenario imponente, con historia grande y paisaje sanjuanino a pleno. También contó que la convivencia entre los participantes armó un clima muy especial, con risas, compañerismo y un espíritu de grupo que se fue afianzando día a día.
Entre tantas anécdotas, Pais reveló que durante el recorrido dejaron de llamarla por su nombre y empezaron a decirle "la costurera", un apodo que nació en la montaña y quedó como parte del recuerdo. Reconoció que hubo momentos duros, sobre todo en algunos descensos, pero destacó el acompañamiento de los baqueanos y del resto del grupo. Al cerrar la experiencia, definió el Cruce de los Andes como un viaje transformador, hecho de aprendizaje, introspección, trabajo colectivo y contacto profundo con la naturaleza.