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Alarma en el empleo

La precariedad laboral pega un salto y ya roza a casi la mitad de los trabajadores

La economía mostró algo de aire en el arranque de 2026, pero en el mercado de trabajo la foto sigue siendo pesada: sube la ocupación, sí, aunque empujada por puestos sin registración y con más gente quedando afuera de la formalidad.

La precariedad laboral pega un salto y ya roza a casi la mitad de los trabajadores

La recuperación económica todavía no se siente en los bolsillos ni en la estabilidad de los laburantes. Según un informe de Analytica elaborado con datos oficiales del Indec, la informalidad laboral llegó al 44,2% de los ocupados en el primer trimestre de 2026, el nivel más alto de los últimos años. Todo esto pasó en un contexto donde la economía creció 2,3% interanual. O sea: hubo movimiento, pero no necesariamente trabajo en regla.

El dato que más ruido genera es que el empleo total subió en 212.800 personas frente al mismo período de 2025, una mejora del 1,6%. Sin embargo, la mayor parte de ese avance vino de la mano de puestos sin registración. El trabajo formal perdió 166.800 puestos, mientras que el empleo informal sumó 379.600 trabajadores. En paralelo, el desempleo se mantuvo casi clavado en 7,8%, apenas una décima por debajo del año anterior.

El golpe también se siente entre los asalariados, donde la informalidad trepó al 37,9%, el valor más alto desde fines de 2007. Entre los independientes, la tasa llegó al 59,7%, tres puntos arriba del primer trimestre de 2025. Para los analistas, esto muestra un deterioro generalizado de las condiciones laborales, no solo un aumento de changas o actividades de subsistencia. Dicho simple: cada vez más gente trabaja, pero en peores condiciones.

Hay sectores que explican bastante esta foto. Construcción marcó una informalidad del 74% y hoteles y restaurantes llegó al 59,7%. A la vez, rubros como transporte y comunicaciones, servicios financieros, enseñanza, actividades primarias y otros servicios mejoraron en actividad, pero bajaron en cantidad de ocupados. El informe remarca que el crecimiento se concentra en ramas que crean pocos puestos o en actividades donde manda la precariedad.

Las mujeres también sintieron el impacto, aunque con una paradoja difícil de digerir. La desocupación femenina bajó de 9% a 8,3% y la tasa de empleo subió de 46,9% a 48,3%. Pero la informalidad entre ellas llegó al 44,4%, el valor más alto de toda la serie y casi tres puntos por encima del registro masculino. En los varones, en cambio, la desocupación subió de 7% a 7,5% y cayó la tasa de empleo.

Los jóvenes siguen siendo los más castigados. Entre quienes tienen de 16 a 24 años, la informalidad trepó al 67%, el número más alto de toda la serie por edad. Aunque el desempleo bajó en el grupo de 14 a 29 años, sobre todo entre las mujeres jóvenes, la mayoría de los nuevos trabajos apareció sin derechos ni cobertura. Y entre los jefes y jefas de hogar también hubo señales de alarma: el empleo bajó de 66,2% a 65,8% y la desocupación subió de 4,3% a 4,6%. La conclusión es dura, pero clara: la economía se mueve, sí, pero la calidad del trabajo sigue retrocediendo y la precarización no afloja.

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