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Conmoción mundial

Una abuela reaccionó a tiempo y salvó a su nieto segundos antes del temblor en Filipinas

El sismo de magnitud 7,8 dejó un saldo devastador en el sur de Filipinas, con decenas de muertos y edificios derrumbados. En medio del caos, una escena de puro instinto maternal se volvió viral y le dio la vuelta al mundo.

Una abuela reaccionó a tiempo y salvó a su nieto segundos antes del temblor en Filipinas

Filipinas atraviesa horas durísimas después del terremoto de magnitud 7,8 que golpeó el sur del país y dejó al menos 35 muertos, además de edificios destruidos y miles de familias con miedo por las réplicas. La postal más fuerte, sin embargo, no salió de los escombros sino de un gesto cargado de amor: una abuela logró poner a salvo a su nieto apenas segundos antes de que empezara el sacudón. La escena recorrió las redes y se convirtió en símbolo de una tragedia que sigue golpeando fuerte.

Las cámaras captaron el instante justo en que la mujer, casi por instinto, advirtió lo que venía y reaccionó sin dudar. No hubo tiempo para pensar demasiado ni para medir el riesgo: actuó rápido y apartó al chico de una situación que pudo terminar mucho peor. En medio del desastre, esa reacción se transformó en una muestra brutal de coraje y de ese amor que no negocia cuando la vida está en juego.

Mientras tanto, el panorama en el sur filipino sigue siendo crítico. En Ciudad General Santos, varios edificios se vinieron abajo, entre ellos un centro comercial y una escuela, según mostraron videos difundidos por vecinos. Los equipos de rescate trabajaron durante toda la jornada entre ruinas y polvo, buscando sobrevivientes y tratando de ordenar el caos. También se multiplicó la angustia de los familiares, como la de Morphy Angcad, un guardia de seguridad de 35 años que contó que su hermana quedó atrapada bajo los restos de un supermercado. "No quiero irme de aquí hasta que vea el cuerpo de mi hermana. Tengo la esperanza de que aún esté viva", dijo con desesperación.

De acuerdo con el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS), el movimiento tuvo una profundidad de 35 kilómetros y el epicentro se ubicó frente a la isla de Mindanao. Más tarde llegaron réplicas intensas, una de ellas de magnitud 6,5, lo que hizo crecer el temor entre los habitantes. Muchas personas se preparaban para pasar la noche al aire libre, lejos de las construcciones dañadas y con la incertidumbre clavada en el pecho. En medio de tanta desolación, la imagen de esa abuela abrazando a su nieto quedó como un recordatorio simple y poderoso: incluso cuando la tierra tiembla, hay gestos que alcanzan para sostener la esperanza.

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