La carne brasileña pisa fuerte y ya tira abajo los precios en las carnicerías
Las compras de carne vacuna a Brasil crecieron con fuerza y ya cubren cerca del 7% del consumo local. Con menos producción argentina, varios cortes populares aparecen más baratos en las góndolas.
Lo que hasta hace poco sonaba raro hoy ya se ve en la calle: la carne de Brasil empezó a ganar terreno en las carnicerías y supermercados argentinos. En apenas unos meses, las importaciones de carne vacuna se dispararon y pasaron de ser una rareza a meterse de lleno en el mostrador. El movimiento ya pega en el bolsillo y en el ánimo de los consumidores, que encuentran algunos cortes a valores bastante más bajos que los nacionales.
Según explicó el director de la Sociedad Rural, Andrés Costamagna, el ingreso de carne desde el país vecino saltó de unas 1.000 toneladas mensuales a cerca de 15.000 toneladas por mes. Ese volumen, inédito para los últimos tiempos, ya representa alrededor del 7% del consumo mensual. Y en el sector no descartan que siga creciendo hasta rozar el 10% si se mantienen las condiciones actuales.
La diferencia de precios es la gran carta de entrada. Cortes muy buscados por los argentinos, como asado, vacío, tapa de asado y lomo, aparecen en algunos comercios con valores hasta un 25% más bajos que los de la producción local. Un kilo de lomo brasileño se consigue en ciertas cadenas a $23.400, mientras que el mismo corte ronda los $30.000 en esas mismas tiendas. En otros casos, como la tapa de asado, el precio llega a $12.000, una cifra que mueve el amperímetro frente a los valores habituales del mercado argentino.
¿Por qué pasa esto? La explicación que miran los especialistas es bastante clara: Brasil hoy tiene una materia prima más barata. El valor del novillo medido en dólares está por debajo del argentino, y eso les permite a los frigoríficos del otro lado de la frontera ofrecer mercadería más competitiva. En algunos casos, la brecha ronda el 15%, una diferencia que alcanza y sobra para tentar a un consumidor que viene de bancarse aumentos fuertes y que recién ahora ve algo de estabilidad, aunque todavía con precios pesados.
Para el sector, la clave no está en una caída de la demanda, sino en una oferta más ajustada. Durante años, la Argentina produjo entre 65 y 70 kilos de carne vacuna por habitante, con unos 15 kilos destinados a exportación y entre 50 y 55 kilos para el mercado interno. Pero en el último año la producción bajó a niveles cercanos a los 60 kilos por habitante, y eso achicó la torta disponible. En abril, además, se exportaron 46.100 toneladas de carne bovina por u$s321 millones, con una caída del 26,7% en volumen, aunque con una suba del 20% en precios.
Costamagna sostuvo, en diálogo con iProfesional, que esto no significa necesariamente que el consumidor haya dejado de comprar carne por falta de plata. Lo que ve el mercado, explicó, es una demanda insatisfecha: si hubiera más oferta y a precios más accesibles, la gente compraría más. En ese hueco es donde se meten los frigoríficos brasileños, que además buscan nuevos destinos porque tienen trabas para colocar determinados volúmenes en mercados como China o Estados Unidos.
Mientras tanto, se da una paradoja bien argentina: entran más cortes importados, pero el negocio exportador local podría cerrar el año con un récord de ingreso de divisas. Con precios internacionales altos, aunque se vendan menos toneladas que en otras etapas, el valor total podría quedar por encima. En abril, el precio promedio de exportación llegó a u$s6.900 por tonelada, un récord para la carne vacuna argentina, con un salto del 86% frente a abril de 2024 y del 38% respecto de abril de 2025. Así, la carne brasileña ya no asoma como una curiosidad: compite mano a mano y cambia el mapa del negocio en las góndolas.