San Juan volvió a llenar las calles con un grito fuerte contra la violencia de género
Frente a la Legislatura, una multitud se sumó a una nueva edición de Ni Una Menos con carteles, emoción y pedidos de justicia. El caso de Martina Naveda y el juicio contra Néstor Matías Olmedo marcaron la jornada.
San Juan vivió otra jornada cargada de emoción y bronca con una nueva marcha de Ni Una Menos, que ya lleva 11 años de reclamos en todo el país. Esta vez, la convocatoria volvió a reunir a cientos de mujeres y también a hombres frente a la Legislatura provincial, en un clima atravesado por la preocupación y la necesidad de respuestas. La escena fue clara: carteles, lágrimas y voces que no aflojan.
Mientras algunos edificios públicos e históricos seguían con custodia y vallados, la gente se plantó en el centro sanjuanino para denunciar la violencia de género y los casos más extremos, como los femicidios y abusos. Entre las consignas que se repitieron con fuerza aparecieron frases como "Nos matan cada 30 horas", "El silencio nunca más" y "No es normal que todas tengamos una historia de abuso o violencia". También hubo mensajes que apuntaron directo a la desigualdad y al hartazgo social que sigue creciendo.
Uno de los ejes más sentidos de la marcha fue el pedido de justicia por Martina Naveda, la joven que sobrevivió a un presunto intento de femicidio ocurrido el 9 de enero de 2025 en Villa El Salvador, Chimbas. Por ese hecho está siendo juzgado Néstor Matías Olmedo, para quien la Fiscalía pidió una condena de 22 años de prisión. Este viernes se conocerá el veredicto, y la expectativa ya se siente fuerte entre quienes acompañan el reclamo.
Con pancartas, fotos y mensajes escritos a mano, la columna volvió a tomar las calles céntricas de la capital sanjuanina. La movilización dejó en claro que el dolor sigue presente, pero también la decisión de no bajar los brazos. En una provincia que mira de cerca este proceso judicial, la marcha sumó otra vez una postal potente: la de una comunidad que exige justicia y que no quiere acostumbrarse a la violencia.