El secreto de la alacena para sacar el óxido y rescatar las sartenes
Un ingrediente barato y muy común puede devolverles el brillo a las sartenes manchadas sin gastar de más ni usar químicos fuertes.
Las manchas de óxido suelen aparecer en las sartenes por el uso diario, el agua y la humedad, un combo que no perdona. Por eso, muchas veces terminan arruinando utensilios que todavía pueden seguir sirviendo. Aunque el limón y el bicarbonato son los clásicos de siempre, hay otro recurso casero que viene ganando terreno. Se trata del vinagre blanco, un producto económico que casi seguro ya está en la cocina.
La clave está en su ácido acético, que aparece en concentraciones de entre el 4% y el 6%. Esa composición ayuda a aflojar la corrosión pegada al metal y facilita la limpieza sin maltratar la superficie. El método no tiene mucha vuelta: hay que cubrir las partes oxidadas con una buena cantidad de vinagre blanco y dejarlo actuar entre 15 y 40 minutos, según cuánto se haya acumulado la suciedad. Después, se retira el líquido y se frota con una esponja suave.
Si el óxido está más rebelde, el agua caliente puede colaborar para despegar los restos que siguen agarrados. Una vez limpia, la sartén tiene que secarse por completo, sin dejar ni rastros de humedad. Para eso, se aconseja ponerla unos minutos sobre una hornalla encendida. Y para que el problema no vuelva, conviene pasarle una fina capa de aceite después de cada lavado, guardarla seca y dejarla en un lugar ventilado.